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Huella De Carbono

Todo lo que siempre quiso saber de la huella de carbono (y no se atrevió a preguntar)

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

La conquista de la ASG avanza a pasos agigantados y afecta cada vez a más empresas en España. Aunque la obligación de reportar información relacionada con los indicadores de sostenibilidad no es para todas las empresas, muchas se adelantan a esta obligatoriedad y descubren que tener estos indicadores en cuenta supone una evolución de su modelo de negocio y su transparencia, aumentando su competitividad en un mercado cada vez más teñido de verde.

Por Antonio Pérez, técnico de sostenibilidad en 21gramos

Entre todos los conceptos relacionados con la sostenibilidad, uno tiene especial relevancia: la huella de carbono. Es, además de uno de los términos más populares o conocidos para la gran mayoría, uno de los más interesantes –y complejos– en el plano corporativo. ¿Cómo medir la huella de carbono de una compañía? ¿Cómo reportarla internamente y presentarla a los grupos de interés? ¿Cuál es la mejor forma de gestionarla?

Los que ya se hayan enfrentado a esa misión, sabrán lo crucial que es apreciar las diferencias entre los alcances 1, 2 y 3, que clasifican, atendiendo a su procedencia directa o indirecta, las emisiones de CO2 que genera una compañía y también conocerán la nueva agrupación que hace de estas emisiones la ISO 14001.

Alcance 1: emisiones directas procedentes de una fuente que es propiedad o es controlada por la organización. Pueden incluir las emisiones de CO2 derivadas del consumo de combustible por parte de la organización (vehículos, calefacción, etc.)

Alcance 2: emisiones indirectas derivadas de la generación de la electricidad, calefacción, refrigeración y vapor adquiridos, comprados y consumidos por la organización.

Alcance 3: emisiones indirectas no incluidas en las emisiones indirectas de generación de energía (alcance 2), que se producen por la actividad de la organización (aguas arriba o aguas abajo) pero que son propiedad y están bajo el control de un agente externo.

La huella de carbono exige tener muy controlado lo que hace la propia organización, por supuesto, pero también lo que pasa fuera de ella. Por ejemplo, dependiendo del tipo de actividad, las emisiones indirectas –aquellas que provienen de la cadena de valor de la compañía, vinculadas al alcance 3– son muy superiores al resto de alcances. Vemos el caso de una compañía dedicada a combustibles, cuyas emisiones de alcance 3 son doce veces superiores a las asociadas al alcance 1 y 2 debido al uso que se da a los productos que vende. 

Esto hace esencial contar con la colaboración de los distintos grupos de interés, para poder realizar un cálculo ajustado y adecuado. Una interlocución, imprescindible en las compañías del S. XXI, que empieza, además, a ser ineludible debido a las fuertes exigencias de la nueva legislación.

¡Que no cunda el pánico! Muchos proveedores han avanzado trabajo, calculando la huella de carbono de los productos o servicios que ofrecen, algo que, a su vez, les facilita la contratación en grandes empresas. Aquí es donde surgen las complicaciones: si yo soy una empresa pequeña o mediana que quiere iniciarse en esto, ¿Cómo tener controlado aquello que depende del uso que hagan nuestros clientes de nuestros productos? ¿O cómo valorar el impacto verde de las inversiones económicas de la propia compañía?

La importancia del orden y la organización en la medición de la huella de carbono

Como vamos a manejar un gran volumen de información técnica, es fundamental tener los datos organizados y ordenados para facilitar su control y seguimiento a lo largo del año. Los necesitaremos no solo para reportar de forma anual en las memorias de sostenibilidad, gestión y los EINF, sino también para tener un control mensual que permita la toma de decisiones ágiles, además de para incluirlos en el reporte interno para la propia organización o las organizaciones inversoras.

Para poder gestionar esta ingente cantidad de información, existen multitud de herramientas y plataformas que nos pueden facilitar –o complicar– la visión de estos indicadores, por ejemplo, el consumo de agua en metros cúbicos para controlar sus emisiones, el consumo de gasoil en calefacción o el consumo de combustible usado por los comerciales de la empresa en sus desplazamientos. Para utilizarlas, necesitamos tener claro cuáles son los indicadores a recopilar, de dónde vienen los datos o quién es el responsable de recopilarlos y reportarlos, entre otras cosas. Y, para la implantación de este proceso, la asesoría es fundamental.

Una vez ordenada la información, podemos valorar la mejor herramienta para gestionar estos datos de forma eficiente y sencilla. Si te imaginas esas plataformas como algo con miles de términos técnicos y datos que rellenar, no te asustes, que tenemos una buena noticia: hoy en día existen programas muy sencillos o herramientas diseñadas ad hoc para los cálculos de cada compañía, adaptándose a su realidad y sus particularidades. 

Aunque pueda parecer muy complicado, el primer paso para medir la huella de carbono es no dejar que los datos te ahoguen. Al contrario, puedes utilizarla como una tabla para surfear el mercado y obtener con ella una ventaja competitiva para mejorar, de paso, el desempeño de tu compañía. 

¿Necesitas asesoramiento para medir la huella de carbono en tu empresa? Contacta con nuestro equipo y te ayudamos. 

Directiva CSRD

Directiva CSRD: la sostenibilidad sí incide en el ámbito financiero

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

La nueva directiva CSRD reducirá la actual brecha entre la información financiera y las cuestiones referentes a la sostenibilidad. Mediante la fijación de unos estándares internacionales en materia social, medioambiental, de gobernanza, laborales y de derechos humanos, logrará finalmente un lenguaje único europeo que persigue mayor transparencia y calidad en el reporting.

Por Carmen Buxens, directora del área de Sostenibilidad en 21gramos

El pasado 21 de junio de 2022, el Consejo y el Parlamento* Europeo alcanzaron un acuerdo político provisional acerca de la nueva directiva de información en materia de sostenibilidad con el objetivo de mejorar la calidad en el reporte de la información que presentan las compañías. Uno de los cambios más visibles va en su propio nombre: por fin se destierra el concepto de «información no financiera», reconociendo así que las cuestiones de sostenibilidad sí tienen incidencia en el ámbito económico. 

Nuevos requisitos: información prospectiva y doble materialidad

La Directiva CSRD busca corregir el déficit de información prospectiva, tanto cualitativa como cuantitativa, que se da en la actual Ley de Información No Financiera en el corto, medio y largo plazo. Asimismo se enriquece el concepto de materialidad, exigiendo que se presente el enfoque de doble materialidad, es decir, tanto la información necesaria para comprender los resultados, riesgos y oportunidades económicas de la empresa, como los datos para comprender los impactos de la actividad de la compañía en su entorno social y ambiental. En otras palabras, supone la evolución de la mirada tradicional de la materialidad, considerando los impactos desde una doble perspectiva, ahora más competitiva y transversal. 

Esta directiva introduce, además, la obligación de un aseguramiento limitado realizado por un tercero independiente que vele para que la información sea conforme a las normas de la UE, lo que supone una mejora en la calidad de la misma. Además, promueve adquirir un nivel de aseguramiento cada vez más exigente con el tiempo, proponiendo un periodo de seis años para que las compañías tengan opción a realizar un aseguramiento razonable** en materia de reporting de sostenibilidad. 

Entre los temas sobre los que la empresa deberá reportar según esta nueva ley, destacan los siguientes aspectos: 

  • El modelo de negocio y resiliencia de la empresa frente a los riesgos
  • Las oportunidades en el modelo de negocio y cómo se tienen en cuenta los intereses de los stakeholders
  • El impacto de la compañía en las cuestiones de sostenibilidad y los objetivos alcanzados
  • El papel de los órganos de dirección y políticas de la empresa en cuestiones de sostenibilidad 
  • El proceso de diligencia debida aplicado a la empresa en dichas cuestiones 
  • Los principales efectos negativos reales o potenciales relacionados con la cadena de valor y de suministro, así como las medidas adoptadas para prevenirlos, mitigarlos o repararlos. 

Directiva CSRD, hacia la generación de un lenguaje común

Esta presión regulatoria -que viene impulsada por las demandas sociales-  exige un cambio de mentalidad en las compañías que, a partir de ahora, deberán informar sobre cuestiones de sostenibilidad a los mercados financieros. Las empresas afectadas (el alcance previsto incluye a más de 49.000), deberán reportar: 

  • Información de acuerdo con el reglamento de Taxonomía de la UE y el Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles (SFDR). 
  • Se reportará con el lenguaje conforme a las normas de los ESRS (European Sustainability Reporting Standard), que introducirá los principios que deberán seguirse para tener en cuenta las opiniones, los intereses y las expectativas de las partes interesadas en la decisión de la empresa y la evolución de su estrategia y su(s) modelo(s) de negocio.
  • La información se deberá publicar en el Informe de gestión de los Estados Financieros. 
  • Siempre en formato electrónico (XHTML).

En este momento, Europa afronta el reto de liderar la transición del resto de potencias económicas hacia la sostenibilidad. Es hora de estar preparados para formalizar el compromiso con el progreso global. 

¿Cuándo se hace efectiva la nueva Directiva CSRD? 

Como todo mecanismo legal, esta nueva directiva también tiene sus plazos. El ya cercano 2023 será un año de «calentamiento», porque en 2024 las compañías deberán estar listas para reportar. Así, los estados miembros deberán transponer esta directiva a los 18 meses de su entrada en vigor y los plazos previstos para su aplicación serán: 

  • El 1 de enero de 2024 para las empresas ya sujetas a la actual directiva (a quienes corresponde presentar los informes en 2025 sobre los datos de 2024)
  • El 1 de enero de 2025 a las grandes empresas no sujetas a la actual directiva (deberán presentar información en 2026 sobre los datos de 2025) y el 1 de enero de 2026 a las pymes que cotizan, así como entidades de crédito pequeñas y no complejas, y empresas de seguros cautivas. 

Notas

* El  Grupo Consultivo Europeo en materia de información financiera (EFRAG) se responsabilizará de fijar las normas europeas mediante el asesoramiento técnico de diversas agencias europeas.

** Según la norma AA1000, este término describe los métodos y procesos utilizados por un proveedor de aseguramiento para evaluar la información divulgada de una organización sobre su desempeño, además de los sistemas, datos y procesos subyacentes, apoyados en criterios y estándares adecuados con el fin de incrementar la credibilidad de dicha información. El aseguramiento incluye la comunicación de los resultados del proceso de aseguramiento en un informe de aseguramiento. Según la profundidad con la que se lleve a cabo, un aseguramiento puede ser limitado (menos profundo) o razonable (más profundo).

¿Necesitas asesoramiento para implementar la nueva Directiva CSRD en tu empresa? Contacta con nuestro equipo y te ayudamos. 

Doble materialidad, triple impacto

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

La doble materialidad, una nueva vía para resolver los problemas sociales, ambientales y económicos en la “Era de las consecuencias”.

Por Silvia Blesa, técnico de sostenibilidad en 21gramos

La incertidumbre parece haberse convertido en una palabra capaz de definir todos nuestros contextos. En los últimos tiempos, la falta de certezas y la sensación de inquietud generalizada remueven el ámbito político, social y empresarial, haciendo necesario un esfuerzo colectivo que nos permita transitar, mediante alianzas público-privadas y modelos colaborativos de escucha activa, hacia un nuevo modelo económico.

Ya lo adelantábamos en el IV Estudio Marcas con Valores: La era de las consecuencias haciendo uso del término “homeostasis” que, empleado en biología, alude a los mecanismos de autorregulación que permiten a los seres vivos adaptarse y mantener la estabilidad. 

“Estamos en un momento en el que necesitamos incorporar esa homeostasis a nuestra sociedad, que también es un ecosistema biológico que necesita vivir en equilibrio con su medio. Necesitamos reajustar los desequilibrios sociales, económicos y medioambientales que nos acechan y, desde una perspectiva colaborativa, superar los individualismos que nos separan y lastran”.

Nos enfrentamos a grandes retos y desafíos glocales, a los que también podemos denominar “desequilibrios” tales como la inflación, la crisis alimentaria, la brecha social, la emergencia climática, o la crisis energética que han sido acentuados por las graves consecuencias que ha traído la pandemia y la guerra de Ucrania, entre otros desencadenantes. Las compañías deben entender este contexto y su papel de “activistas corporativos” para encontrar ese equilibrio homeostático con la sociedad y el medioambiente, convirtiéndose en agentes transformadores capaces de impulsar el cambio sistémico “por pura supervivencia”.

Su responsabilidad con la sociedad va más allá del cumplimiento regulatorio y no sólo han de resolver sus principales retos globales, si no también contribuir al reajuste de dichos desequilibrios. En este sentido, la doble materialidad usa la inteligencia social como catalizadora del triple impacto y permite a las compañías cumplir con la regulación (CSRD) e ir un paso más allá para convertirse en las mejores empresas para el mundo.

¿Cuál es nuestra propuesta metodológica para activar la doble materialidad?

La doble materialidad ha emergido como una evolución de la definición del concepto de materialidad tradicional que, dada la actualización de los GRI Standards de 2021 y la nueva directiva CSRD de la Comisión Europea en colaboración con el EFRAG, se centra ahora en los principales impactos de las empresas en materia de sostenibilidad (económicos, sociales y ambientales) cuya identificación y priorización determinarán los contenidos a incluir en la memoria de sostenibilidad, así como los pilares del Plan estratégico ASG.

De acuerdo con este enfoque, existen dos direcciones sobre la materialidad, la materialidad de impacto y la materialidad financiera. La doble materialidad, por tanto, es el resultado de la unión de las dos vertientes.

Elaborada por 21gramos*

Un tema o información de sostenibilidad cumple, por tanto, los criterios de doble materialidad si es material desde la perspectiva del impacto o desde la perspectiva financiera o desde ambas perspectivas, tal y como se muestra a continuación:

cuadro doble materialidad
Elaborado por 21gramos*

Para integrar la doble materialidad en la práctica como principio fundamental para la evaluación de impactos, riesgos y oportunidades, los procesos establecidos por la empresa deben reflejar e incorporar los principios establecidos por el CSRD, para lo cual se presenta la siguiente propuesta metodológica:

  1. Evaluación y contexto de la situación actual de la organización: desk research externo e interno para entender los temas materiales, la naturaleza de la compañía y su cadena de valor, así como mapa de grupo de interés y audiencias impactadas.
  2. Identificación de los asuntos materiales y sus impactos actuales y potenciales, positivos y negativos: investigación cualitativa sobre los principales impactos asociados a los distintos temas materiales según los grupos de interés.
  3. Evaluación y priorización de impactos más significativos según su gravedad y probabilidad de ocurrencia (investigación cuantitativa): consulta a grupos de interés para conocer la gravedad y ocurrencia de los impactos/efectos que la empresa tiene sobre el medioambiente y las personas (materialidad de impacto) así como los impactos/efectos del entorno en el valor económico de la empresa (materialidad financiera).
  4. Supervisión, validación y contraste de la matriz de doble materialidad: ponderación de asuntos relevantes en función de su impacto en la sociedad y su impacto sobre el valor de la compañía (doble materialidad), construcción de matriz de doble materialidad y presentación a los miembros del comité.

Hacia el triple impacto

La doble materialidad implica que las compañías deberán tener en cuenta tanto los riesgos como las oportunidades desde ambas perspectivas, la financiera y la no financiera. En este sentido, cabe destacar que, del mismo modo que la materialidad ha evolucionado, también lo han hecho las tendencias narrativas, pasando de hablar de aspectos ASG en la “Era del desempeño”, a un enfoque sistémico en la “Era de las consecuencias”. Asimismo, la creación de valor para los grupos de interés ha sido sustituida por el activismo corporativo de las organizaciones como catalizadores de la regeneración del bienestar.

Este nuevo contexto sitúa a las organizaciones como agentes transformadores. Así, consideramos que la doble materialidad constituye un primer acercamiento a la identificación de las oportunidades financieras relacionadas con la sostenibilidad. De integrarse en su modelo de negocio, esta perspectiva podría generar rentabilidad a través del desarrollo de nuevos proyectos, modelos de negocio o productos y servicios nativos sostenibles.

Nuestra propuesta metodológica incluye,de forma complementaria, las siguientes fases:

  1. A) Alineación de la doble materialidad con los requerimientos de Bcorp y las áreas de impacto, como un paso previo para un posterior proceso de certificación para constituirse como una de las “Mejores empresas para el mundo”.
  2. B) Identificación y priorización de posibles proyectos de innovación de triple impacto, en línea con las oportunidades financieras resultantes de la doble materialidad (impactos ambientales, sociales y económicos), que den respuesta a los retos glocales y los ODS.

Las compañías pueden reajustar sus impactos no solo para gestionar su desempeño y sus actuales y potenciales riesgos e impactos (doble materialidad), sino también para ser capaces de identificar posibles oportunidades de negocio que resuelvan problemas sociales, ambientales y económicos, generen un (triple) impacto sistémico y contribuyan a mantener ese “equilibrio homeostático”.

¿Necesitas asesoramiento para llevar a cabo la doble materialidad en tu empresa? Contacta con nuestro equipo y te ayudamos. 

Ser B Corp

¿Te gusta cómo está el mundo? Ser B Corp puede ser el camino

Ser B Corp

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

Por Rubén González-Román, responsable de Investigación e Inteligencia Social y B Corp Leader de 21gramos, Multiplicador B certificado por B Lab Spain y miembro del Grupo Impulsor de la Comunidad B Madrid.

El siglo XXI comienza marcado por un contexto global y local que invita no solo a repensar el sistema socioeconómico y político actual, sino principalmente a tomar medidas de actuación inminentes como sociedad. En su momento listamos los indicadores que nos hacían constatar que los diferentes agentes mundiales (inversores, CEOs, medios de comunicación, marcas/empresas, instituciones gubernamentales y consumidores/ciudadanos) siguen la tendencia hacia una nueva economía del propósito y el Triple Balance (económico, medioambiental y social).

En nuestro IV Estudio Marcas Con Valores ya adelantamos que nos encontramos totalmente inmersos en un momento histórico, en el que estamos obligados a abrazar la nueva incertidumbre, que denominamos “la era de las consecuencias”.

En medio de este nuevo contexto consciente, como ya contextualizamos en el artículo “#BTheRechange: herramientas para aprender a repensar y reactuar ahora”, en 2008 nació un movimiento de organizaciones que creen en una mejor manera de hacer negocios (“We Believe in a Better Way Of Doing Business”). Su medio es usar el poder de la empresa y el mercado como fuerza para el bien común con el objetivo activar el cambio sistémico, de transformar el mundo y generar un impacto positivo en los individuos y el planeta.

Actualmente la comunidad B Corp está compuesta por personas que están liderando el cambio en más de 4.400 organizaciones en todo el mundo (más de 100 tienen presencia en España), repartidas en 77 países y representando a 153 industrias con un único objetivo: que un día todas las compañías compitan por ser las mejores no DEL mundo, sino PARA el mundo.

Las B Corp trabajan, entre otros retos, para:

  • Reducir la desigualdad y la pobreza: 110.233 millones de euros facturados en 2021 en todo el mundo de los cuales 6.000 millones han sido facturados en España, empleando a más de 14.500 trabajadores entre todas las B Corps nacionales de las cuales 7 de cada 10 cuentan con una o más mujeres en puestos directivos.
  • Cuidar el medio ambiente: tienen un 250% más probabilidades de ser neutras en carbono que las empresas convencionales y más de 500 de todo el mundo se han comprometido a serlo para 2030 (entre las que se encuentra 21gramos).
  • Fortalecer las comunidades: 8 de cada 10 en España contratan a personas de colectivos vulnerables y casi 8 de cada 10 de las que tienen presencia en territorio nacional cuentan con uno o más proveedores locales.
  • Crear puestos de trabajo de alta calidad con dignidad y propósito: experimentan un 20% más de probabilidades de permitir un horario laboral flexible en comparación con las empresas convencionales y el 65% de las nacionales tienen un rango salarial inferior a 5 entre el salario mínimo y máximo de la empresa.

* Datos recogidos de la Memoria Anual 2021 B Lab Spain

La declaración de interdependencia

Los valores y las aspiraciones de la comunidad B Corp están incorporados en sus estatutos y en la firma de la Declaración de Interdependencia. Se les exige legalmente que tengan en cuenta en la toma de decisiones no solo a sus accionistas sino también a sus trabajadores, clientes, proveedores, comunidad y medio ambiente.

Especialmente en nuestro continente, Europa, vislumbramos diferentes acciones y asociaciones como la B Corp Climate Collective, la Interdependence Coalition, la Beauty Coalition o la campaña #StandWithUkraine que demuestran que la Comunidad B asume que realmente funciona como una red interdependiente que es capaz de multiplicar esfuerzos para hacer frente a los retos glocales.

La evaluación de impacto B (EIB) o B Impact Assessment (BIA) y su relación con otros estándares de medición de impacto

Aunque existen diferentes formas de formar parte de la Comunidad B y herramientas para aprender a co-innovar y liderar el cambio, como ya explicamos en “#BTheRechange: herramientas para aprender a repensar y reactuar ahora”, la Evaluación de Impacto B (EIB) o el B Impact Assessment (BIA) es la principal herramienta que permite a las empresas medir, gestionar y mejorar el desempeño social y ambiental al proporcionar un marco estandarizado, intuitivo y fácil de usar para medir su impacto en todos sus grupos de interés (y no solo en sus accionistas). 

La EIB es la herramienta exclusiva utilizada para obtener el estatus B Corp. Gratuita, online y confidencial, se convierte en el camino y la guía perfecta para cumplir con los más altos estándares de desempeño social y ambiental, transparencia pública y responsabilidad legal. Más de 190.000 compañías en todo el mundo (de las cuales más de 5.730 son españolas) utilizan esta herramienta para medir y gestionar su impacto.

El estatus B Corp tiene una mirada íntegra de toda la empresa a diferencia de algunos otras certificaciones cuyo propósito es legitimar el origen de la materia prima (Ej: FSC), una marca o producto (Ej: Organic, Fairtrade) o un área de la empresa (Ej: Great Place to Work). B Corp evalúa y verifica a la empresa en todas sus áreas de gestión e impacto: gobernanza, trabajadores, comunidades, medioambiente y clientes. 

Adicionalmente, también evalúa y otorga puntos a aquellas empresas que tengan un modelo de negocio de impacto, es decir, que tengan un propósito empresarial con fines sociales y/o ambientales.

Como herramienta de gestión y medición del impacto, la EIB se asocia con y complementa una variedad de diferentes estándares (GRI, SASB, Carbon Disclosure Project, Down Jones Sustainability Index, Future Fit Business Benchmark, IRIS Impact, o Reporting Investment Standards), certificaciones y marcos de medición de impacto. Lo logra incorporando sus estándares directamente en la EIB y/o utiliza sus sistemas con fines de verificación. En el siguiente enlace se puede comprobar con más detenimiento las diferencias entre B Corp y otros estándares. Además la plataforma colaborativa The Impact Management Platform nos permite entender la interdependencia de estos indicadores.

Quiero formar parte del Movimiento B y ser B Corp, ¿por dónde empiezo? El B Corp Way como inicio del camino

Cada vez más, las organizaciones buscan formar parte del movimiento. Se ha experimentado casi un 30% de crecimiento de la comunidad mundial entre 2020 y 2021 y un 63% en concreto en España. Además, se han recogido más de 30.000 firmas para pedir al gobierno español una ley que reconozca a las empresas con propósito, figura jurídica que ya ha sido implantado en otros países como EE.UU; Francia o Italia

No obstante, las complejas estructuras y necesidades de cada empresa pueden dificultar que consigan ya no solo participar en el ecosistema sino obtener la certificación (más de 78 versiones de la EIB según tamaño, localización y sector y un mínimo de 80 puntos requeridos para optar a la certificación). Recordemos que solo solo el 3% (casi 4.500 empresas a nivel mundial) ha logrado cumplir con el alto estándar que supone la EIB.

B Corp Way es una plataforma que permite a las empresas conectar con Consultoras B Corp que se ajustan a sus necesidades específicas y tienen las habilidades y conocimientos necesarios para apoyarlas en el camino.

En 21gramos, además de ser una empresa B certificada desde 2019, haber conseguido el reconocimiento de Best For The World el mismo año y formar parte del Grupo Impulsor de la Comunidad B de Madrid desde 2020, nos sentimos orgullosXs de estar validados por B Lab Europe como un B Corp Way Partner, es decir, un acompañante validado disponible para todas aquellas organizaciones que quieran entrar en el movimiento B a través del BIA.

Ser B Corp es…

Ser B es ser auténtico y valiente a la vez que imperfecto.

Ser B es utilizar la fuerza de las empresas para promover la paz y la interdependencia.

Ser B es aspirar a ser las mejores empresas para el mundo.

Ser B es medir y mejorar el impacto que nuestras acciones tienen en las personas y el planeta.

Ser B es cumplir con los más altos estándares sociales y ambientales e informar con transparencia.

Ser B es comprender que si algo nos beneficia pero perjudica al mundo, entonces no nos beneficia.


¿Necesitas asesoramiento para la Evaluación de Impacto B (EIB)? En 21gramos nos focalizamos en ayudar a aquellas empresas que quieran ser B Corp, que deseen mejorar su impacto o que simplemente busquen asesoramiento para el proceso. 

Impacto Social

¿De qué hablamos cuando hablamos de impacto social?

impacto social

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

Por Carlos Ballesteros y Beatriz Delfa Rodríguez.

Mientras que los resultados sociales son el efecto directo de una acción o proyecto, los impactos sociales se refieren a la transformación y mejora (a corto, medio y largo plazo) que se deriva de ellos.

El impacto social está de moda pero ¿realmente sabemos de qué se habla cuando tanto empresas y emprendedores como ONG y hasta la Administración lo invocan? El impacto medioambiental dispone de marcos regulatorios que facilitan su comprensión y, en ocasiones, el cumplimiento de normativas que velan por la reducción del impacto negativo sobre el medioambiente de todo tipo de acciones y que, a su vez, potencian aquellas que favorecen los impactos positivos.

De hecho, resulta relativamente sencillo conocer cuáles son los resultados e impactos de ciertas acciones. Por ejemplo: promover la descarbonización del sector energético europeo tendría como resultado un descenso de las emisiones de CO₂.

El impacto medioambiental a medio y largo plazo derivado de este resultado sería, por su parte, el control del incremento de la temperatura global del planeta. Es decir, los resultados son un efecto directo de una actividad o acción mientras que un impacto es la transformación a corto, medio y largo plazo que se deriva de ellos.

¿Impacto o resultado?

En cambio, el impacto social es un área mucho menos madura en lo que a gestión se refiere. A nivel de políticas, regulaciones y normativas, el impacto social no dispone de un reglamento regulador específico en España, sino de elementos aislados. Algunos de ellos son, por ejemplo, la regulación sobre los derechos de los trabajadores o las normativas de servicios sociales para la ciudadanía.

En el marco europeo, en la estrategia de Europa 2020, se contempla potenciar que los Estados miembro desarrollen políticas específicas para la protección e inclusión social, pero, incluso desde Europa, apenas se está comenzando a generar consenso en torno a este tema.

Otro nivel es el de la gestión del impacto social por parte de las organizaciones mediante todo tipo de acciones y proyectos. En los últimos tiempos, muchas de ellas hacen alarde de cifras que no queda claro si, bajo el cartel de impactos sociales, esconden resultados o impactos.

Numerosas páginas web de ONG destinan un espacio al impacto social generado y, sin embargo, dan cifras tan simples como el número de beneficiarios o de proyectos en ejecución. De la misma manera pasa con las empresas cuando dicen que dan empleo a cierto número de personas con discapacidad o en exclusión social y lo llaman impacto social.

En busca de un lenguaje común

El principal dolor de cabeza en esta difícil distinción es que, en cuanto al impacto social, los cambios a medio y largo plazo dependen, en algunos casos, de valoraciones de intangibles o variables que son más difíciles de medir que los grados que sube o baja la temperatura del planeta.

Entonces, quizás deberíamos llamar a las cosas por su nombre y denominarlos resultados sociales. Es decir: datos que se producen como consecuencia directa de una acción o proyecto (número de destinatarios o número de kilos de comida recaudada). Son números, a menudo espectaculares en sí mismos, pero que no explican los posibles cambios y transformaciones que hay detrás de ellos.

Así, mientras que los resultados sociales fruto de una acción o proyecto son eminentemente cuantitativos y fácilmente medibles, para medir los impactos sociales, que suponen un cambio o transformación en la vida de personas u organizaciones, debe transcurrir un tiempo mínimo entre la finalización de la acción y su medición. En ocasiones, es difícil medir los impactos generados, a no ser que empleemos técnicas cualitativas para ello.

En la búsqueda de un lenguaje común sobre el tema, el principio básico es saber diferenciar los conceptos de impacto y de resultado sociales. Después vendrán los marcos de referencia, los principios, las metodologías de medición… Más tarde vendrá el análisis de buenas prácticas.

Empezar por el principio, con propuestas para la medición y gestión del impacto social, y buscando un lenguaje común, es empezar con buen pie. Y eso es lo que se ha hecho a través del Primer Informe del laboratorio de ideas organizado por la Cátedra de Impacto Social de la Universidad Pontificia Comillas, que ha reunido a casi 50 organizaciones. Se han identificado las limitaciones y escollos a la hora de medir y gestionar el impacto, y se han recogido propuestas concretas de cómo superarlos, ahondando en conceptos y terminología básicas para construir un lenguaje común con el que poder cimentar la base del ecosistema social.The Conversation


Carlos Ballesteros, Profesor. Director de la Consultoria Social Empresarial ICADE, Universidad Pontificia Comillas y Beatriz Delfa Rodríguez, Profesora investigadora, Universidad Pontificia Comillas. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Si necesitas asesoramiento para aplicar estrategias de impacto positivo en tu organización, contacta con nosotros. Somos expertos en sostenibilidad.

Modelo Esg

Modelo ESG: El medioambiente, la sociedad y el buen gobierno, claves de la empresa actual

modelo esg

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

Por Carlos Ballesteros y José María Elola Oca.

El contexto global y el ecosistema empresarial están cambiando y evolucionando a gran velocidad. Esto se debe a la influencia de los consumidores, cada vez más conscientes del poder que le otorgan sus decisiones de compra, y de los inversores, que apuestan cada vez más por empresas que se rigen por criterios sostenibles y sociales.

Las secuelas económicas, laborales y sociales de la crisis financiera de 2008 siguen todavía presentes y se han visto agravadas y acentuadas por la crisis provocada por la pandemia de la Covid-19. A los ya conocidos retos medioambientales (cambio climático, pérdida de biodiversidad, contaminación del aire, acceso al agua), se han unido otros, principalmente de carácter socio económico, como:

  • El desempleo.
  • La pérdida de poder adquisitivo de las familias.
  • El elevado porcentaje de población en riesgo de pobreza y las nuevas manifestaciones de la misma.
  • La desigualdad de oportunidades en el acceso a la educación (causada entre otras variables por la brecha digital).
  • Los flujos migratorios descontrolados.

¿Cómo responden las empresas a estas necesidades?

Durante las últimas décadas, las empresas han tratado de dar respuesta a estas necesidades a través de sus departamentos de Responsabilidad Social Corporativa. Un área normalmente ajena al corazón del negocio, que funciona como la cara amable de la empresa, mediante la colaboración con ONG o la realización de actividades con las comunidades.

Poco a poco las empresas han ido superando este enfoque y ahora son capaces de reconocer su papel como agentes de desarrollo económico, social y medioambiental, y de asumir un rol protagonista en esta adaptación de la economía. Ahora buscan aprovechar su capacidad de impacto y escalabilidad para transformar y mejorar las comunidades y los ecosistemas en los que operan.

El contexto global y el ecosistema empresarial están cambiando y evolucionando a gran velocidad. Esto se debe a la influencia de los consumidores, cada vez más conscientes del poder que le otorgan sus decisiones de compra, y de los inversores, que apuestan cada vez más por empresas que se rigen por criterios sostenibles y sociales.

Regulación y control

Al poder que ejercen consumidores e inversores se ha unido una ola regulatoria que busca redefinir las reglas de un nuevo modelo económico. Por citar solo una de las normas de mayor repercusión en este ámbito, el 29 de diciembre de 2018 se publicó en el BOE la ley en materia de información no financiera y diversidad en España.

Dicha normativa obliga a las empresas de más de 500 empleados a incluir en su memoria de actividades información sobre sus actuaciones en:

  • Materia medioambiental (contaminación, sostenibilidad, cambio climático, protección de la biodiversidad).
  • Cuestiones sociales y de gestión de recursos humanos (empleo, organización del trabajo, accesibilidad de las personas con discapacidad, políticas de subcontratación y proveedores, política fiscal, actuaciones en materia de derechos humanos, etcétera).

El sector empresarial es cada vez más consciente de su rol de agente de cambio respecto a estas problemáticas, y de cómo debe abordarlas a través de su cadena de valor. Es decir, desde las capacidades de sus empleados, el desarrollo de sus negocios, la interacción con sus clientes y proveedores, las políticas de inversión o su propia acción en la comunidad.

Las empresas se están dando cuenta de que tener un propósito claro inspira confianza tanto a los líderes como a los diferentes grupos de interés. Además, puede generar una ventaja competitiva en momentos de cambio e incertidumbre, al tiempo que les permite afrontar los nuevos desafíos económicos, sociales y medioambientales.

Modelo ESG: un nuevo enfoque empresarial

El modelo ESG (Environmental, Social, Governance; ambiental, social y de buen gobierno) ofrece un estándar de referencia para que las organizaciones empresariales reenfoquen sus estrategias, identificando, midiendo e informando de sus impactos en estos aspectos.

La consultora Standard&Poors publicó recientemente los datos de ESG de más de 9.000 empresas a nivel mundial. Hasta ahora, la aplicación de este modelo se había limitado a la divulgación e información de los impactos, sin ofrecer una respuesta integral sobre estos temas. La empresa ha intervenido, en mayor o menor medida, en los tres planos básicos, económico, social y medioambiental, desarrollados por J. Elkington en 1994 en su modelo de triple resultado:

  • En el plano económico: las empresas se crean para generar beneficios económicos a sus accionistas de la manera más eficiente posible. Este fin es un elemento fundamental e intrínseco a cualquier empresa, tanto en el plano interno, a través de la generación de fuerza de trabajo y salarios asociados, como en el plano externo, con la generación de nuevas inversiones de capital derivadas.
  • En el plano social: las empresas surgen de una agrupación y desarrollo organizativo que sirve a la sociedad desde diferentes ángulos. Las empresas contribuyen al desarrollo social a través de la promoción de sus trabajadores y de la venta de productos y servicios que cubren las necesidades y demandas de los ciudadanos.
  • En el plano medioambiental: la empresa debe considerar el ecosistema en el que se desenvuelve, los recursos de los que dispone y los impactos que generan sus actividades. Debe haber un equilibrio sostenible de retroalimentación entre el entorno y la empresa.

A mediados del siglo XX empezó a forjarse el concepto de sostenibilidad y su relación con el ecosistema empresarial. El economista Ludwig von Mises ya concibió a la naturaleza como un factor de producción finito y destructible en su obra de Acción humana, un tratado sobre economía (1949), superando así el modelo enunciado en el siglo XIX por David Ricardo, según el cual los recursos naturales eran inagotables.

Actuar por interés pero mejorando la comunidad

La Cátedra de Impacto Social de la Universidad Pontificia Comillas ha presentado un cuaderno de trabajo, primero de una colección sobre el modelo ESG. Siguiendo un listado no exhaustivo de buenas prácticas, se ilustran diferentes maneras de transformar las actividades y los procesos empresariales para integrar los factores ESG a lo largo de las cadenas de valor.

En este sentido planteamos un nuevo modelo económico en el que el propósito social y medioambiental se integren en la estrategia corporativa de las compañías, desarrollando el concepto de valor compartido planteado por Porter y Kramer en 2011, y por Serafeim en 2020.

No se trata de apostar por la RSC tradicional, sino de asumir un comportamiento que, aunque animado por el interés propio en la creación de valor económico, también cree valor para la sociedad. Las oportunidades que ofrece este nuevo paradigma, centrado en el desarrollo sostenible de la economía y de los negocios, puede resultar atractivo y rentable para las compañías:

  1. Creando un desarrollo estratégico sostenible, al desarrollar una ventaja competitiva centrada en los principios ESG y que satisfaga las necesidades del cliente
  2. Alcanzando eficiencias operativas al controlar mejor los costes indirectos: el consumo excesivo de recursos (agua, energía…), las emisiones de gases contaminantes y la generación de residuos, y solucionando problemas relacionados con la salud, la seguridad y el trato igualitario de los trabajadores, entre otros. Se trata de atender las externalidades, elementos que han sido aparentemente ajenos a la estructura empresarial pero que ahora, al tomar en cuenta los principios de impacto social, medioambiental y de buen gobierno, se sitúan dentro de la esfera de control de la empresa. Esta incorporación obliga a emplear nuevos métodos de gestión, operaciones y actividades que permitan un beneficio económico derivado de las eficiencias generadas.

El sistema ESG es, por tanto, un marco de referencia que, con sus principios, métricas y herramientas, permite a las organizaciones empresariales enfocar sus estrategias, transformar sus procesos y tomar decisiones que mejoren las condiciones de vida de los ciudadanos y las características del ecosistema, mientras que, muy probablemente, empiecen a mejorar también sus propias condiciones y resultados de negocio.The Conversation


Carlos Ballesteros, Profesor. Director de la Consultoría Social Empresarial ICADE, Universidad Pontificia Comillas y José María Elola Oca, Miembro Investigador de la Cátedra de Impacto Social de ICADE, Universidad Pontificia Comillas. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Si necesitas asesoramiento para aplicar los criterios del modelo ESG en tu organización, contacta con nosotros. Somos expertos en sostenibilidad.

Algo tiene que cambiar (y también la manera de contarlo)

Narrativa B-Corp

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

El de Danone es un ejemplo perfecto de una empresa que ha sabido recurrir a su legado como palanca para convertirse en una organización con impacto. Con un siglo de trayectoria a sus espaldas, ha logrado ser la primera empresa de gran consumo en obtener la certificación B en España, un distintivo que refleja la autenticidad de su desempeño en términos sociales, ambientales de transparencia y de responsabilidad y la conecta con la realidad social que vive hoy el mundo.

En 21gramos, que obtuvo la misma certificación hace dos años, acompañamos a Danone en la elaboración de su Manifiesto de Sostenibilidad 2019. De B Corp a B Corp, juntas hicimos un minucioso trabajo para transformar la manera de comunicar el discurso de la compañía en materia de sostenibilidad.

Lejos de redactar un informe al uso, el reto era hacer un análisis profundo e innovar en la forma de contar la estrategia, desarrollando un material que sirviese como carta de presentación externa e interna de la compañía y la visión One planet, one health (OPOH) y que al mismo tiempo fuese un material de comunicación diferente, rompedor y fresco que trasladase esa visión de la alimentación al lenguaje común para todos los grupos de interés.

Un mensaje trascendente

Con ese objetivo final en el horizonte, el primer paso era conocer en profundidad el punto de partida que iba a vertebrar todo el trabajo posterior: esa estrategia de sostenibilidad One planet, one health, que tiene su corazón en la interconexión entre la salud humana y la del planeta y que subraya la necesidad de cuidar de ambos para lograr el bienestar de todos.

Así, desde 21gramos realizamos un minucioso desk research dividido en dos fases, interna y externa, para exprimir todas las dimensiones y conceptos a tratar y plantear una estrategia de comunicación global adaptada a la narrativa de la compañía.

Desk research interno

Realizamos un exahustivo análisis de decenas de documentos que reflejaban la estrategia de la compañía para encontrar la mejor manera de estructurar los contenidos y hacerlo de la forma más rompedora posible, con la intención de que no se quedase en un documento circunscrito solamente a la compañía y a sus stakeholders más corporativos, sino que se pudiera trasladar también a los consumidores. Para ello, el principal objetivo era tender un puente creativo entre lo que queríamos contar y la forma de hacerlo, elaborando un documento cuyo continente tuviese tanta fuerza como el contenido.

El uso de infografías para presentar los datos de impacto y el protagonismo de los recursos de imagen que dieran al mismo tiempo el protagonismo a las marcas y productos de Danone fue fundamental a la hora de conceptualizar el informe final. Sin embargo, mucho antes de ello, fue imprescindible hacer un estudio y una reflexión profunda sobre el discurso de la compañía y sus líneas estratégicas para encontrar una nueva narrativa que incorporase la perspectiva B Corp que ambos compartimos de forma transversal a todo el documento: en él tendrían que reflejarse los hechos trazables y auténticos que permiten establecer una narrativa que aprovecha el legado de una empresa centenaria en sus planteamientos para ser más sostenibles.

Desk research externo

Además de mirar hacia dentro de la compañía para saber qué contar, la innovación en los formatos fue uno de los puntos clave a la hora de diseñar el Manifiesto de Danone. Tanto en sus formatos impresos como digitales, antes de realizar el planteamiento llevamos a cabo una búsqueda para la investigación de mejores prácticas a la hora de apostar por formatos adaptados a las nuevas formas de comunicar –conscientes y sostenibles– en todos los soportes.

Asimismo, también llevamos a cabo una investigación sobre esas nuevas maneras de contar sostenibilidad en redes sociales, de manera que pudiésemos vertebrar un discurso inspirador y hacerlo viral –mediante gifs, vídeos o incluso retos en TikTok– para que llegase al consumidor último, analizando decenas de casos y ejemplos prácticos del desempeño de marcas nacionales e internacionales y casos destacados de las B Corps más influyentes a nivel nacional e internacional.

Proyecto B: transformar la narrativa

Combinando ambos aspectos del desk research, pudimos hacer una reflexión profunda y un análisis DAFO que permitiera sortear los hándicaps encontrados en la investigación e incorporar un elemento representativo esencial para las compañías que formamos parte del movimiento B Corp: la perspectiva colaborativa.

Además de introducir de manera transversal conceptos como la interdependencia, la importancia de lo glocal y del esfuerzo colectivo o los propios ejes de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, logramos que el informe fuese especialmente colaborativo e innovamos dando voz y presencia en las páginas a actores externos que normalmente no aparecen de manera tan directa en otros reportings de este tipo. Así, en el informe se incluyen las palabras de Cristina Gallach y Joan Ribó, así como voces invitadas como las de Luis Moreno, Carmen Pellicer o Juanjo Manzano, entre otros, poniendo en valor la perspectiva del trabajo común y haciendo copartícipe a la sociedad: ¿qué mejor que los aliados de Danone en cada una de sus líneas estratégicas para contar el trabajo que realizan?

La amplia fase de investigación y el cuidadoso trabajo de estructuración y diseño de los contenidos dieron sus frutos en el informe Algo tiene que cambiar, título que da nombre al manifiesto final que engloba la Guía de Sostenibilidad 2019 y la campaña de comunicación de la misma. Un llamamiento la transformación común y a la coparticipación: no podemos recorrer solos el camino, y con una manera atractiva de contar la sostenibilidad podemos conseguir que más personas se sumen a nuestro proyecto.

¿Te ayudamos a hacerlo?

Ley 11/2018

De árboles y bosques: más allá de cumplir con la Ley 11/2018

ley 11/2018

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

Cabe preguntarse si realmente la Ley 11/2018 y tantas otras normas y estándares ayudan a que las empresas progresen o si solo inducen a cumplir para evitar otros males.

Por Teresa Arozarena, consultora de RSC y sostenibilidad en 21gramos

En este punto del año, se acerca el momento en que toca mirar para atrás y repasar qué hemos hecho y cómo. Contar a nuestros grupos de interés cómo hemos gestionado los impactos del negocio en este año tan particular y qué hemos logrado.

La Ley española de información no financiera –Ley 11/2018– requiere que el Estado de Información no financiera que muchas empresas están obligadas a publicar tome como referencia un marco internacional para la elaboración de informes no financieros. Por otra parte, fuera de esta obligación legal, las empresas que reportan con precisión su desempeño en materia de sostenibilidad así lo suelen hacer, en la medida en que su uso simplifica el proceso de reporte y dota a su resultado de una mayor credibilidad, al hacerlo verificable y comparable.

Pero son tiempos de cambio, qué duda cabe. Momentos de reconstrucción y también de enmienda, donde se han multiplicado los esfuerzos para rediseñar un mundo más seguro, resiliente y sostenible, tomando como guía los objetivos de la Agenda 2030.

Así, en plena sintonía con la meta 6 del objetivo 12 (Producción y consumo sostenibles), que alienta a las empresas a incorporar información sobre la sostenibilidad en su ciclo de presentación de informes, hemos visto en los últimos meses cómo se ha desarrollado la revisión de la Directiva 14/95/UE sobre información no financiera; también la propuesta de modificación de los Estándares 102 de Global Reporting Initiative (GRI), los llamados «contenidos generales», sometidos a consulta pública, al igual que los nuevos estándares sectoriales de GRI para oil & gas. Por su parte, SASB (el norteamericano Sustainability Accounting Standards Board) ha anunciado que va a iniciar una revisión de sus indicadores de sostenibilidad mientras, no contentos con ello, los miembros del International Business Council del WEF han publicado su propia propuesta de indicadores de reporte ambiental, social y de buen gobierno (ESG).

En apenas dos años, se han puesto sobre la mesa de los consejos de administración muchísimos asuntos que, hasta hace poco, parecían quedar fuera del núcleo central de preocupaciones

A escala nacional, el gobierno español ha presentado en estos meses, entre otras iniciativas, un Proyecto de Ley de Fomento de la implicación a largo plazo de los accionistas de sociedades cotizadas, la Estrategia de Economía Circular, la Hoja de Ruta del Hidrógeno, la nueva regulación de los planes de igualdad o el plan para luchar contra la brecha salarial, entre otras iniciativas que ahondan en la meta 16.b) del ODS 16 (Paz, justicia e instituciones sólidas), dirigida a «promover y aplicar leyes y políticas no discriminatorias en favor del desarrollo sostenible».

Tenemos por tanto #MuchoPorHacer y mucho por contar. Volviendo a la Ley 11/2018, al obligar a las empresas informantes a utilizar un marco internacional, les recuerda que no pueden limitarse a la información cualitativa ni utilizar cualquier indicador: tiene que ser uno reconocido, sólido y de uso extendido, adecuado a su negocio y sus temas relevantes y susceptible de ser verificado, ya que el informe deberá someterse a verificación externa. Con ello, en apenas dos años se han puesto sobre la mesa de los consejos de administración muchísimos asuntos que, hasta hace poco, si bien se conocían y se controlaban, parecían quedar fuera del núcleo central de preocupaciones.

Hoy, con un régimen de responsabilidades completo y estricto, preocupa el aval del verificador no financiero tanto como el del auditor de cuentas y, de algún modo, en ocasiones parece que este es el fin último de la elaboración de estos informes. Entonces, ¿es más importante cumplir los requisitos formales de la Ley 11/2018 –que no incorpora mecanismos de sanción–? ¿O que las empresas gestionen correctamente sus impactos, lo que luego se pondrá de manifiesto en el informe?

¿Es más importante cumplir los requisitos formales de la Ley 11/2018 o que las empresas gestionen correctamente sus impactos, lo que luego se pondrá de manifiesto en el informe?

Como explica en su preámbulo, la Ley 11/2018 «tiene como objetivo identificar riesgos para mejorar la sostenibilidad y aumentar la confianza de los inversores, los consumidores y la sociedad en general». Por su parte, su antecesora directa, la Directiva 2014/95, señala que «la divulgación de información no financiera resulta esencial para la gestión de la transición hacia una economía mundial sostenible que combine la rentabilidad a largo plazo con la justicia social y la protección del medio ambiente».

O sea, que el objetivo central es que las empresas gestionen correctamente sus impactos en pro del desarrollo sostenible. Este es el bosque, que a veces se esconde detrás de un zarzal enmarañado tejido de normas legales, códigos, estándares y un largo etcétera de reglamentos tan complejo en ocasiones que se necesitan equipos bien dotados para hacerle frente.

En general, las legislaciones intentan reflejar demandas sociales y resolver problemas de los ciudadanos, estableciendo reglas del juego comunes para todos, con objetivos generales de mejora del bienestar social, la protección ambiental, la creación de empleo y riqueza, etc., sancionando las conductas que pueden ir contra esos objetivos y promoviendo aquellas que los apoyan. Por su parte, las empresas no tienen como fin cumplir normativas: tienen sus objetos sociales o sus propósitos corporativos, buscan realizar una actividad, con sus implicaciones, donde la normativa es un marco de actuación que les viene impuesto y dentro del cual deben moverse para que su actividad siga siendo posible. Es decir, cruzar las zarzas y sacar de ellas moras dulces y jugosas.

Para las empresas, lo trascendente es progresar en todos sus ámbitos de actuación y, para la sociedad, que esas empresas contribuyan al logro de los grandes objetivos sociales

El cumplimiento es fundamental en un Estado de Derecho, pero no es un fin en sí mismo. Es una herramienta muy valiosa, como lo es el informe no financiero de cada año, un punto de partida que nos muestra el camino a seguir. Para las empresas, lo trascendente es progresar en todos sus ámbitos de actuación y, para la sociedad, lo importante es que esas empresas contribuyan al logro de los grandes objetivos sociales generales.

Pero no todas las empresas cuentan con los mismos recursos para llegar al otro lado de las zarzas. Muchas no se atreven ni a intentarlo. Cabe entonces preguntarse si realmente tantos marcos, normas y estándares ayudan a que las empresas progresen, si incrementan la confianza de sus grupos de interés o si empiezan a ser tantas y tan complejas que ya se busca solo cumplir para evitar otros males. Sobre todo, analizar si realmente son eficaces en un mundo cada vez más inmediato para impulsar la transformación social y económica que necesitamos. Que los árboles (o los zarzales) no impidan ver el bosque.

Comunicación en sostenibilidad: hacer y contar… en formato digital

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

Una gestión responsable del negocio debe ir acompañada, en cualquier caso, de un ejercicio constante de rendición de cuentas. Un compromiso con la trazabilidad, la transparencia, el diálogo constante con los grupos de interés y también con la comunicación en sostenibilidad.

Los informes de sostenibilidad son la herramienta idónea para ello pero: ¿llegan a todos los grupos de interés? ¿Los empleados los consultan? ¿Sirven a medios y colaboradores como herramienta de comunicación? ¿Suscitan interés entre los clientes? ¿Realmente, fuera del equipo experto, se leen?

Para resolver estas barreras de entrada, muchas empresas llevan años elaborando resúmenes ejecutivos, tanto para accionistas como para su relación con grupos de interés externos. Incluso cada vez es más frecuente la producción de vídeos para poner en valor su posicionamiento en sostenibilidad o los anuncios en prime time bajo este topic.

Lo que no se comunica (bien) no existe

El protagonismo que está adoptando el territorio de comunicación en sostenibilidad concuerda con las expectativas de los consumidores, pero nos encontramos con que los formatos de comunicación no facilitan la compresión y el conocimiento de todos los esfuerzos que se realizan o se quedan en una capa muy superficial.

Para ello, en 21gramos, contamos con un equipo especializado en comunicación en sostenibilidad y marcas con valores formado por periodistas, publicistas y expertos en marketing y en diseño que, junto con el rigor del equipo de consultoría, trabajan para poner en valor el compromiso de las compañías para lograr un desempeño líder, sostenible, ético y responsable.

Así, desde que se inicia un proyecto, se trabaja mano a mano con el equipo de comunicación, con el objetivo de que la publicación del informe de sostenibilidad sea un verdadero hito que difundir, con orgullo, dentro y fuera de la compañía. Primero, entre los empleados, que son los valedores y facilitadores del despliegue de la estrategia y que colaboran estrechamente en la elaboración de los informes. Después, con los medios externos y otros colaboradores del sector, con lo que se crean alianzas para conseguir, juntos, un impacto mayor y mejor en la sociedad.

Dentro de los diferentes soportes ya conocidos, en 21gramos llevamos años apostando por el entorno digital con un doble objetivo: que el informe se presente de forma innovadora y sencilla, y reducir el impacto ambiental derivado de la impresión de formatos físicos. Además de la creación de landings específicas, vídeos y maillings, contamos con un equipo experto en desarrollo de documentos interactivos multiplataforma.

Documentos interactivos multiplataforma

Estos documentos permiten llevar a cabo un rediseño de una maqueta elaborada para print al entorno digital para su consumo en todo tipo de dispositivos digitales, a través de un ejercicio de user experience para ofrecer la mejor experiencia al usuario final. La inclusión de call to action, la dinamización de elementos o la posibilidad de enlazar a contenido audiovisual o documentación pública en la web son solo alguna de las virtudes de este formato, que tiene una interfaz 100% personalizada a la identidad corporativa del cliente y que permite la personalización de URL o el alojamiento en servidores externos o propios con disponibilidad de estadísticas de Google Analytics.

Un documento sencillo, atractivo y adaptado a diferentes momentos de consulta que puede insertarse en páginas webs, intranets o compartirse a través de canales más informales, permitiendo que la información tenga un mayor alcance.

Los últimos trabajos realizados por el equipo de diseño de 21gramos en este formato pueden consultarse en la web de Aqualia y en la web de Gestamp.

Materialidad

Materialidad estratégica: una oportunidad para la escucha profunda y la innovación

materialidad

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

Lo hemos dicho mucho, pero lo sentimos con tal intensidad que tenemos que insistir: no nos lo esperábamos. La idea inicial era inaugurar una década.

Pensábamos en cambios en el paradigma económico, en la transición energética, en logros relacionados con los ODS… No es que pareciera fácil, pero al menos, sabíamos de qué estábamos hablando. Resulta ahora que lo que efectivamente inauguramos es el inicio de la «nueva normalidad», donde caben todos los retos anteriores, pero con más restricciones, menos recursos y otro buen ramillete de desafíos nuevos y urgentes.

Tras cerrar 2019 en «emergencia climática», 2020 nos sitúa, además, en estado de emergencia sanitaria, económica y social, trazando un panorama donde deben posicionarse las empresas, intensificando su digitalización, adaptando o reinventando su negocio según los nuevos parámetros y retos sociales o incluso replanteándose su propósito último como organización. La eclosión de la crisis ha permitido ver a los reyes que estaban desnudos, a todas aquellas empresas que parecían o decían ser algo que en realidad no eran y afianzado la confianza en quienes han actuado de acuerdo con sus principios.

La crisis ha permitido ver a los reyes que estaban desnudos, a todas aquellas empresas que parecían o decían ser algo que en realidad no eran

De la escucha al engagement: trascender la materialidad clásica

En este contexto, la comunicación del negocio sostenible cobra una nueva relevancia y se convierte en un pilar esencial de la estrategia empresarial. En el actual contexto digital y colaborativo, habrá de ser una comunicación bidireccional, vertebrada por una escucha activa que permita, a la vez, pulsar y dar respuesta a todos aquellos asuntos que sean importantes para los distintos grupos de interés. Hoy más que nunca, las acciones de transparencia y escucha cimentan la confianza y contribuyen a potenciar la eficacia en la gestión a través de la detección de riesgos y oportunidades.

Para identificar cuáles son estos asuntos que preocupan tanto a la organización como a sus stakeholders, y poder integrarlos de forma efectiva en la estrategia empresarial, el análisis de materialidad supone una herramienta básica. Mucho más tras los intensos acontecimientos vividos recientemente, un momento donde todas las compañías necesitan una brújula para reconducir y replantear sus estrategias de negocio.

El análisis de materialidad deberá actualizar y repriorizar tanto los impactos relacionados con la cadena de valor como los posibles riesgos u oportunidades en el corto, medio y largo plazo

No todos los temas materiales en una empresa tienen la misma importancia y/o urgencia. El análisis habrá de actualizar y repriorizar tanto los impactos más estrechamente relacionados con la cadena de valor como aquellos otros que pueden materializarse como riesgos u oportunidades en el corto, medio y largo plazo. A partir de este trabajo, se espera que la compañía sea transparente y comunique su gestión y desempeño de acuerdo con estas prioridades que previamente ha establecido. Además, el ejercicio suministrará a la organización un mapa dónde se recoja qué temas importan, cuánto y a quiénes, lo que permitirá estimar cómo de urgente es su actuación en cada ámbito y favorecer la creación de valor económico, social y ambiental en relación con la gestión de cada impacto.

Una herramienta de diálogo estratégico con todos los grupos de interés

Al dar a cada grupo de interés la oportunidad de transmitir sus expectativas, preocupaciones y necesidades, de encontrar en la empresa una escucha activa, la organización se encontrará en disposición de adecuar sus decisiones financieras y no financieras a los resultados de dicha escucha, devolviendo a los distintos públicos respuestas coherentes con las expectativas que han manifestado. Se trata de implicar a los grupos de interés en la planificación estratégica o en determinados procesos de decisión, asumiendo todo lo que esto supone, con la consiguiente incidencia en la transformación cultural de la compañía.

Se trata de implicar a los grupos de interés en la planificación estratégica, asumiendo la consiguiente incidencia en la transformación cultural de la compañía

La Directiva 2014/95/UE sobre Información No Financiera y Diversidad concede carta de naturaleza a la realización de análisis de materialidad cuando recoge la necesidad de que la información requerida a las empresas responda a las necesidades de los inversores y otras partes interesadas. En concreto, se indica que «se espera que las sociedades tengan contacto con las partes interesadas pertinentes y traten de comprender adecuadamente sus intereses». En un contexto global como el que estamos viviendo actualmente, de incertidumbre y cambio constante, de retos urgentes y completamente nuevos, cobra si cabe aún más importancia.

Una organización que escucha a todos sus grupos de interés e integra de forma efectiva en su estrategia los insights extraídos es capaz de centrar el tiro, asignando a cada área de gestión el esfuerzo y los recursos adecuados a su prioridad interna y externa y comunicando con precisión cómo satisface las demandas que se le plantean, lo que reforzará su legitimidad social y dotará a su propósito de una mayor resiliencia.

Para lograrlo, desde 21gramos animamos a las organizaciones a llevar el análisis de materialidad más allá del mero cumplimiento legal de las obligaciones de información no financiera, a convertirlo en una herramienta de diálogo estratégica para definir procesos de innovación abierta donde la empresa identifique los caminos más eficaces para canalizar su contribución al bienestar económico y social y se aventure a transitarlos. Una nueva cultura en un contexto nuevo, que tenga en cuenta los retos más recientes y aquellos más antiguos que siguen siendo importantes para todos.

Contenido co-creado por los equipos de Inteligencia Social y de Consultoría de 21gramos

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