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Cómo medir el impacto social: aprender, desaprender y reaprender

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

En palabras del Nobel Joseph Stiglitz, «si medimos lo incorrecto, hacemos lo incorrecto». Que las corporaciones conozcan cómo medir el impacto social es fundamental para que sean más eficientes a nivel interno, pero sobre todo para que generen un mayor bienestar allá donde operan. En 21gramos hemos desarrollado una metodología propia para conseguirlo.

Por Ximena Sapaj, directora de Inteligencia Social de 21gramos.

La literatura del mundo corporativo nos brinda pruebas que el término impacto es ya un tema cotidiano que forma parte de nuestro vocabulario del día a día: impacto ambiental, impacto social, impactos positivos o negativos de determinadas prácticas, acciones o iniciativas…

Tanto en la gestión de la sostenibilidad –que forma ya parte imprescindible de la agenda de las empresas– como en la forma de entender la economía desde el impacto existe un acuerdo unánime en que el modelo socioeconómico actual debe modificarse para evitar y, en la medida de lo posible, prevenir los efectos dañinos que ha generado, como la aceleración del cambio climático o el incremento de la desigualdad.

Esta nueva forma de entender la economía –refrendada por expertos de la talla de Thomas Piketty, Kate Raworth, Amartya Sen o Joseph Stiglitz– permite poner las variables medioambientales y sociales al mismo nivel, contrarrestrando la supremacía de la perspectiva economicista. Así, según las tesis de Mariana Mazzucato, la economía del impacto está basada, por un lado, en la teoría del valor (cómo se crea, intercambia y distribuye) y, por otro, en el concepto del capital (social, natural, humano, manufacturado y financiero). Dicho de otra forma, en cómo se interrelacionan entre sí el valor y el capital para la creación del bienestar y la riqueza.

La lógica que subyace a la economía de impacto es que una economía próspera y sostenible se basa en una sociedad mayoritariamente igualitaria y estable, que depende de recursos naturales renovables y es capaz de conservar ecosistemas saludables. Es, a su vez, una economía de mercado: se basa en la efectividad y la eficiencia del mismo, en entornos de emprendimiento y competitividad; y permite a los individuos y las organizaciones tener libertad para seguir sus propias ideas y proyectos. Su singularidad reside en que espera, de manera simultánea, satisfacer sus deseos y tener un impacto positivo sobre la sociedad y el planeta.

Así, esta nueva propuesta supone una transformación del modelo actual, pues implica que el sistema económico debe dirigirse hacia los impactos que permitirán que las personas y el planeta prosperen en el futuro.

Lo que no se mide no se puede mejorar

El nuevo contexto verde, en todas sus dimensiones y niveles, ha impulsado la proliferación de nuevos marcos, herramientas y metodologías de medición de impacto. Lo que antes sonaba como un término dirigido exclusivamente al Tercer Sector, en el lado opuesto a asuntos como la rentabilidad financiera y el ánimo de lucro, hoy ya tiene su sitio en la gestión de las empresas.

Como agentes cada vez más relevantes y proactivos en la mejora de la sociedad, las corporaciones han iniciado el uso de metodologías para mejorar el desempeño de sus iniciativas capaces de tener impacto social. Tampoco su comunicación puede desligarse de él, porque solo teniéndolo en cuenta se pueden valorar los esfuerzos realizados y contar los progresos y los logros, el objetivo que persiguen sus acciones.

Los datos y las pruebas generadas por las evaluaciones se convierten así en un medio para informar a los grupos de interés y en una herramienta clave para rendir cuentas. En un momento en el que tanto la sociedad como los demás agentes económicos exigen información y transparencia, la evaluación de impacto ofrece pruebas sobre el desempeño y ayuda a determinar si un programa o iniciativa ha logrado los resultados deseados. «Una mayor y mejor información a la hora de valorar los impactos sociales de proyectos e iniciativas empresariales permite una mayor eficiencia en la toma de decisiones y mejor posición en la gestión de expectativas y resultados», explican desde Forética, organización referente en sostenibilidad y responsabilidad social empresarial en España.

Qué es medir el impacto social

Uno de los principales problemas a los que nos enfrentamos a la hora de hablar y medir el impacto social es que no existe una definición común. Eso sí, la mayoría de ellas hablan de conceptos similares. Por ejemplo:

  • «El impacto social se define como el efecto neto de una actividad sobre una comunidad y el bienestar de individuos y familias». (Center for Social Impact, Australia).
  • «El impacto social hace referencia a los efectos que una intervención propuesta tiene sobre la comunidad en su conjunto». (Ministerio de Asuntos Exteriores, España).

Así, una evaluación de impacto parte de la necesidad de conocer los resultados atribuibles a un determinado proyecto, con el objetivo principal de aportar información para descubrir qué actuaciones funcionan y cuáles no, calibrando si se está impactando positiva o negativamente o si se consigue el efecto deseado. En este punto, es importante aclarar que por impacto social no se entiende solo el impacto sobre la población objetivo de la actuación, sino sobre la sociedad en general, teniendo en cuenta que a largo plazo puede tener tanto efectos deseados como no deseados.

Medir el impacto social es complejo, ya que intenta dar respuesta a preguntas sobre las causas y efectos de las acciones, dimensionando la magnitud de estos últimos a través de los datos que revelan cómo ha funcionado algo. Es decir, esta evaluación permite obtener evidencias sobre qué programas funcionan, qué programas no lo hacen y cómo mejorarlos para optimizar los resultados y los recursos invertidos. Dicho de otra forma, medir es un ejercicio de reflexión, de toma de conciencia del desempeño, que permite poner en valor una acción y contar con un lenguaje común para poder comunicarlo a los grupos de interés.

Todo ello tiene ventajas y beneficios evidentes para las organizaciones que lo ponen en práctica. En primer lugar, permite gestionar mucho mejor los proyectos, al evaluar su eficacia y eficiencia. Además, es una potente herramienta de comunicación: contar qué se ha hecho y qué ha supuesto algo de forma coherente y consistente, con datos, permite hacer un seguimiento de los logros y favorece la motivación del equipo, ya que les muestra el impacto de su trabajo.

Sin embargo, en 21gramos creemos que hay otro gran beneficio que no siempre obtiene el foco: la medición de impacto es un proceso de aprendizaje para las propias organizaciones, un hito que les permite aprender, desaprender y reaprender sus procesos, ayudándoles a ser mejores para sí mismas y para los demás.

Hacia la creación de aprendizajes compartidos

Actualmente, se está avanzando en diferentes metodologías y herramientas de medición de impacto social que pueden guiar a las empresas y apoyarlas en sus estrategias. Sin embargo, será el próximo paso el que marcará la diferencia: sistematizar los logros y compartir las buenas y malas prácticas con otras organizaciones para que toda la sociedad pueda beneficiarse de lo aprendido.

¿Por qué? Porque la evaluación de impacto contribuye a generar conocimiento compartido: saber cómo funciona un programa constituye en sí mismo un aprendizaje sumamente relevante a la hora de diseñarlos. Así, reunir y comparar mediciones de impacto en programas de naturaleza similar permite acumular y sistematizar evidencia, pero también plantear nuevos objetivos, replantear los iniciales y redistribuir los recursos para gestionarlos de forma más eficiente.

Conocer las evaluaciones de impacto de los demás y sus aprendizajes nos permiten tomar decisiones mejor fundamentadas y ajustar posibles cambios para reorientar la dirección estratégica. Al mismo tiempo, la medición nos ofrece un juicio sobre los resultados logrados de un programa o proyecto desde una óptica científica, aportando datos convincentes sobre su efectividad y el impacto resultante en su público objetivo.

«Realizar este ejercicio representa una oportunidad para la compañía, supone una herramienta para el creciente activismo de los inversores, cada vez más deseosos de que su capital se transforme en mejoras sociales, y también responde a las demandas de una sociedad cada vez más interesada en conocer el impacto de la actividad empresarial», explican en una publicación de la Cátedra CaixaBank de Responsabilidad Social Corporativa del IESE.

En cualquier caso, el informe recuerda que las propias empresas son las primeras interesadas en conocer de una forma detallada, cuantificable y sólida el impacto que su labor tiene en la sociedad. Sobre todo, aquellas que comunican su compromiso con los objetivos globales que marca la Agenda 2030: no hay mayor prueba de que nuestras acciones son coherentes y consistentes que los datos que demuestran que hay un impacto real tras el relato.

Una best practice en la medición del impacto: el caso de Stay Healthy

La Fundación Quironsalud tiene como fin fundacional la promoción de la salud y los hábitos de vida saludable en todas sus formas. Uno de sus emblemas es el proyecto Stay Healthy, un programa educativo cocreado junto a 21gramos que tiene como objetivo promover los hábitos saludables entre los adolescentes para que tomen conciencia de las consecuencias futuras derivadas de mantener rutinas poco recomendables en su día a día. Tras la irrupción de la covid-19, el programa tuvo que adaptarse a los nuevos entornos virtuales y a las nuevas demandas de escolares, familias y profesorado que, por ejemplo, demandaban mayor formación en campos como la adicción a las nuevas tecnologías, la salud mental o la interdependencia entre la salud personal y medioambiental. 

En el programa realizado en el curso 2021-2022 se hizo una evaluación del impacto para saber cuál era su alcance y cómo mejorar la efectividad y número de acciones. Por ello, se optó por una perspectiva holística que combinase análisis (para recopilar, analizar e integrar datos) y escucha profunda. ¿Cómo? Con una metodología propia desarrollada por 21gramos.

Se trata de una metodología mixta que permite tener una visión más completa y rica de la medición de impacto que trasciende a los datos: tan relevante es poder calcular la inversión monetaria en recursos como la posibilidad de entender a los beneficiarios del programa, sus vivencias, sus impresiones y sentimientos. Así, esta metodología propia se basa en dos pilares fundamentales:

  • La nomenclatura LBG: para todas las fuentes de datos, se utiliza la London Benchmarking Group (LBG), que toma como referencia la cuantificación de las contribuciones realizadas en tiempo o en dinero, para poner cifras a sus logros. Por ejemplo, cuántos beneficiarios han sido alcanzados o qué mejoras en su vida pueden esperarse.
  • La nomenclatura IS21: una fuente de datos ad hoc creada por 21gramos aplicando factores sociodemográficos, culturales, motivacionales o psicoemocionales extraídos en un proceso de escucha a los diferentes colectivos implicados y también de análisis en RRSS y plataformas de divulgación.

Con todo ello, se ha conseguido una visión panorámica que permite descifrar tanto los recursos económicos aportados al programa como su impacto real en las personas implicadas: alumnado, docentes, profesionales médicos… Pronto, te contaremos más sobre este proyecto. ¡Permanece en antena!

¿Quieres saber más sobre cómo se ha desarrollado el proyecto? ¿Quieres medir el impacto de un proyecto en tu compañía? Contacta con nuestro equipo y te ayudamos. 

Huella De Carbono

Todo lo que siempre quiso saber de la huella de carbono (y no se atrevió a preguntar)

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

La conquista de la ASG avanza a pasos agigantados y afecta cada vez a más empresas en España. Aunque la obligación de reportar información relacionada con los indicadores de sostenibilidad no es para todas las empresas, muchas se adelantan a esta obligatoriedad y descubren que tener estos indicadores en cuenta supone una evolución de su modelo de negocio y su transparencia, aumentando su competitividad en un mercado cada vez más teñido de verde.

Por Antonio Pérez, técnico de sostenibilidad en 21gramos

Entre todos los conceptos relacionados con la sostenibilidad, uno tiene especial relevancia: la huella de carbono. Es, además de uno de los términos más populares o conocidos para la gran mayoría, uno de los más interesantes –y complejos– en el plano corporativo. ¿Cómo medir la huella de carbono de una compañía? ¿Cómo reportarla internamente y presentarla a los grupos de interés? ¿Cuál es la mejor forma de gestionarla?

Los que ya se hayan enfrentado a esa misión, sabrán lo crucial que es apreciar las diferencias entre los alcances 1, 2 y 3, que clasifican, atendiendo a su procedencia directa o indirecta, las emisiones de CO2 que genera una compañía y también conocerán la nueva agrupación que hace de estas emisiones la ISO 14001.

Alcance 1: emisiones directas procedentes de una fuente que es propiedad o es controlada por la organización. Pueden incluir las emisiones de CO2 derivadas del consumo de combustible por parte de la organización (vehículos, calefacción, etc.)

Alcance 2: emisiones indirectas derivadas de la generación de la electricidad, calefacción, refrigeración y vapor adquiridos, comprados y consumidos por la organización.

Alcance 3: emisiones indirectas no incluidas en las emisiones indirectas de generación de energía (alcance 2), que se producen por la actividad de la organización (aguas arriba o aguas abajo) pero que son propiedad y están bajo el control de un agente externo.

La huella de carbono exige tener muy controlado lo que hace la propia organización, por supuesto, pero también lo que pasa fuera de ella. Por ejemplo, dependiendo del tipo de actividad, las emisiones indirectas –aquellas que provienen de la cadena de valor de la compañía, vinculadas al alcance 3– son muy superiores al resto de alcances. Vemos el caso de una compañía dedicada a combustibles, cuyas emisiones de alcance 3 son doce veces superiores a las asociadas al alcance 1 y 2 debido al uso que se da a los productos que vende. 

Esto hace esencial contar con la colaboración de los distintos grupos de interés, para poder realizar un cálculo ajustado y adecuado. Una interlocución, imprescindible en las compañías del S. XXI, que empieza, además, a ser ineludible debido a las fuertes exigencias de la nueva legislación.

¡Que no cunda el pánico! Muchos proveedores han avanzado trabajo, calculando la huella de carbono de los productos o servicios que ofrecen, algo que, a su vez, les facilita la contratación en grandes empresas. Aquí es donde surgen las complicaciones: si yo soy una empresa pequeña o mediana que quiere iniciarse en esto, ¿Cómo tener controlado aquello que depende del uso que hagan nuestros clientes de nuestros productos? ¿O cómo valorar el impacto verde de las inversiones económicas de la propia compañía?

La importancia del orden y la organización en la medición de la huella de carbono

Como vamos a manejar un gran volumen de información técnica, es fundamental tener los datos organizados y ordenados para facilitar su control y seguimiento a lo largo del año. Los necesitaremos no solo para reportar de forma anual en las memorias de sostenibilidad, gestión y los EINF, sino también para tener un control mensual que permita la toma de decisiones ágiles, además de para incluirlos en el reporte interno para la propia organización o las organizaciones inversoras.

Para poder gestionar esta ingente cantidad de información, existen multitud de herramientas y plataformas que nos pueden facilitar –o complicar– la visión de estos indicadores, por ejemplo, el consumo de agua en metros cúbicos para controlar sus emisiones, el consumo de gasoil en calefacción o el consumo de combustible usado por los comerciales de la empresa en sus desplazamientos. Para utilizarlas, necesitamos tener claro cuáles son los indicadores a recopilar, de dónde vienen los datos o quién es el responsable de recopilarlos y reportarlos, entre otras cosas. Y, para la implantación de este proceso, la asesoría es fundamental.

Una vez ordenada la información, podemos valorar la mejor herramienta para gestionar estos datos de forma eficiente y sencilla. Si te imaginas esas plataformas como algo con miles de términos técnicos y datos que rellenar, no te asustes, que tenemos una buena noticia: hoy en día existen programas muy sencillos o herramientas diseñadas ad hoc para los cálculos de cada compañía, adaptándose a su realidad y sus particularidades. 

Aunque pueda parecer muy complicado, el primer paso para medir la huella de carbono es no dejar que los datos te ahoguen. Al contrario, puedes utilizarla como una tabla para surfear el mercado y obtener con ella una ventaja competitiva para mejorar, de paso, el desempeño de tu compañía. 

¿Necesitas asesoramiento para medir la huella de carbono en tu empresa? Contacta con nuestro equipo y te ayudamos. 

Directiva CSRD

Directiva CSRD: la sostenibilidad sí incide en el ámbito financiero

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

La nueva directiva CSRD reducirá la actual brecha entre la información financiera y las cuestiones referentes a la sostenibilidad. Mediante la fijación de unos estándares internacionales en materia social, medioambiental, de gobernanza, laborales y de derechos humanos, logrará finalmente un lenguaje único europeo que persigue mayor transparencia y calidad en el reporting.

Por Carmen Buxens, directora del área de Sostenibilidad en 21gramos

El pasado 21 de junio de 2022, el Consejo y el Parlamento* Europeo alcanzaron un acuerdo político provisional acerca de la nueva directiva de información en materia de sostenibilidad con el objetivo de mejorar la calidad en el reporte de la información que presentan las compañías. Uno de los cambios más visibles va en su propio nombre: por fin se destierra el concepto de «información no financiera», reconociendo así que las cuestiones de sostenibilidad sí tienen incidencia en el ámbito económico. 

Nuevos requisitos: información prospectiva y doble materialidad

La Directiva CSRD busca corregir el déficit de información prospectiva, tanto cualitativa como cuantitativa, que se da en la actual Ley de Información No Financiera en el corto, medio y largo plazo. Asimismo se enriquece el concepto de materialidad, exigiendo que se presente el enfoque de doble materialidad, es decir, tanto la información necesaria para comprender los resultados, riesgos y oportunidades económicas de la empresa, como los datos para comprender los impactos de la actividad de la compañía en su entorno social y ambiental. En otras palabras, supone la evolución de la mirada tradicional de la materialidad, considerando los impactos desde una doble perspectiva, ahora más competitiva y transversal. 

Esta directiva introduce, además, la obligación de un aseguramiento limitado realizado por un tercero independiente que vele para que la información sea conforme a las normas de la UE, lo que supone una mejora en la calidad de la misma. Además, promueve adquirir un nivel de aseguramiento cada vez más exigente con el tiempo, proponiendo un periodo de seis años para que las compañías tengan opción a realizar un aseguramiento razonable** en materia de reporting de sostenibilidad. 

Entre los temas sobre los que la empresa deberá reportar según esta nueva ley, destacan los siguientes aspectos: 

  • El modelo de negocio y resiliencia de la empresa frente a los riesgos
  • Las oportunidades en el modelo de negocio y cómo se tienen en cuenta los intereses de los stakeholders
  • El impacto de la compañía en las cuestiones de sostenibilidad y los objetivos alcanzados
  • El papel de los órganos de dirección y políticas de la empresa en cuestiones de sostenibilidad 
  • El proceso de diligencia debida aplicado a la empresa en dichas cuestiones 
  • Los principales efectos negativos reales o potenciales relacionados con la cadena de valor y de suministro, así como las medidas adoptadas para prevenirlos, mitigarlos o repararlos. 

Directiva CSRD, hacia la generación de un lenguaje común

Esta presión regulatoria -que viene impulsada por las demandas sociales-  exige un cambio de mentalidad en las compañías que, a partir de ahora, deberán informar sobre cuestiones de sostenibilidad a los mercados financieros. Las empresas afectadas (el alcance previsto incluye a más de 49.000), deberán reportar: 

  • Información de acuerdo con el reglamento de Taxonomía de la UE y el Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles (SFDR). 
  • Se reportará con el lenguaje conforme a las normas de los ESRS (European Sustainability Reporting Standard), que introducirá los principios que deberán seguirse para tener en cuenta las opiniones, los intereses y las expectativas de las partes interesadas en la decisión de la empresa y la evolución de su estrategia y su(s) modelo(s) de negocio.
  • La información se deberá publicar en el Informe de gestión de los Estados Financieros. 
  • Siempre en formato electrónico (XHTML).

En este momento, Europa afronta el reto de liderar la transición del resto de potencias económicas hacia la sostenibilidad. Es hora de estar preparados para formalizar el compromiso con el progreso global. 

¿Cuándo se hace efectiva la nueva Directiva CSRD? 

Como todo mecanismo legal, esta nueva directiva también tiene sus plazos. El ya cercano 2023 será un año de «calentamiento», porque en 2024 las compañías deberán estar listas para reportar. Así, los estados miembros deberán transponer esta directiva a los 18 meses de su entrada en vigor y los plazos previstos para su aplicación serán: 

  • El 1 de enero de 2024 para las empresas ya sujetas a la actual directiva (a quienes corresponde presentar los informes en 2025 sobre los datos de 2024)
  • El 1 de enero de 2025 a las grandes empresas no sujetas a la actual directiva (deberán presentar información en 2026 sobre los datos de 2025) y el 1 de enero de 2026 a las pymes que cotizan, así como entidades de crédito pequeñas y no complejas, y empresas de seguros cautivas. 

Notas

* El  Grupo Consultivo Europeo en materia de información financiera (EFRAG) se responsabilizará de fijar las normas europeas mediante el asesoramiento técnico de diversas agencias europeas.

** Según la norma AA1000, este término describe los métodos y procesos utilizados por un proveedor de aseguramiento para evaluar la información divulgada de una organización sobre su desempeño, además de los sistemas, datos y procesos subyacentes, apoyados en criterios y estándares adecuados con el fin de incrementar la credibilidad de dicha información. El aseguramiento incluye la comunicación de los resultados del proceso de aseguramiento en un informe de aseguramiento. Según la profundidad con la que se lleve a cabo, un aseguramiento puede ser limitado (menos profundo) o razonable (más profundo).

¿Necesitas asesoramiento para implementar la nueva Directiva CSRD en tu empresa? Contacta con nuestro equipo y te ayudamos. 

Doble materialidad, triple impacto

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

La doble materialidad, una nueva vía para resolver los problemas sociales, ambientales y económicos en la “Era de las consecuencias”.

Por Silvia Blesa, técnico de sostenibilidad en 21gramos

La incertidumbre parece haberse convertido en una palabra capaz de definir todos nuestros contextos. En los últimos tiempos, la falta de certezas y la sensación de inquietud generalizada remueven el ámbito político, social y empresarial, haciendo necesario un esfuerzo colectivo que nos permita transitar, mediante alianzas público-privadas y modelos colaborativos de escucha activa, hacia un nuevo modelo económico.

Ya lo adelantábamos en el IV Estudio Marcas con Valores: La era de las consecuencias haciendo uso del término “homeostasis” que, empleado en biología, alude a los mecanismos de autorregulación que permiten a los seres vivos adaptarse y mantener la estabilidad. 

“Estamos en un momento en el que necesitamos incorporar esa homeostasis a nuestra sociedad, que también es un ecosistema biológico que necesita vivir en equilibrio con su medio. Necesitamos reajustar los desequilibrios sociales, económicos y medioambientales que nos acechan y, desde una perspectiva colaborativa, superar los individualismos que nos separan y lastran”.

Nos enfrentamos a grandes retos y desafíos glocales, a los que también podemos denominar “desequilibrios” tales como la inflación, la crisis alimentaria, la brecha social, la emergencia climática, o la crisis energética que han sido acentuados por las graves consecuencias que ha traído la pandemia y la guerra de Ucrania, entre otros desencadenantes. Las compañías deben entender este contexto y su papel de “activistas corporativos” para encontrar ese equilibrio homeostático con la sociedad y el medioambiente, convirtiéndose en agentes transformadores capaces de impulsar el cambio sistémico “por pura supervivencia”.

Su responsabilidad con la sociedad va más allá del cumplimiento regulatorio y no sólo han de resolver sus principales retos globales, si no también contribuir al reajuste de dichos desequilibrios. En este sentido, la doble materialidad usa la inteligencia social como catalizadora del triple impacto y permite a las compañías cumplir con la regulación (CSRD) e ir un paso más allá para convertirse en las mejores empresas para el mundo.

¿Cuál es nuestra propuesta metodológica para activar la doble materialidad?

La doble materialidad ha emergido como una evolución de la definición del concepto de materialidad tradicional que, dada la actualización de los GRI Standards de 2021 y la nueva directiva CSRD de la Comisión Europea en colaboración con el EFRAG, se centra ahora en los principales impactos de las empresas en materia de sostenibilidad (económicos, sociales y ambientales) cuya identificación y priorización determinarán los contenidos a incluir en la memoria de sostenibilidad, así como los pilares del Plan estratégico ASG.

De acuerdo con este enfoque, existen dos direcciones sobre la materialidad, la materialidad de impacto y la materialidad financiera. La doble materialidad, por tanto, es el resultado de la unión de las dos vertientes.

Elaborada por 21gramos*

Un tema o información de sostenibilidad cumple, por tanto, los criterios de doble materialidad si es material desde la perspectiva del impacto o desde la perspectiva financiera o desde ambas perspectivas, tal y como se muestra a continuación:

cuadro doble materialidad
Elaborado por 21gramos*

Para integrar la doble materialidad en la práctica como principio fundamental para la evaluación de impactos, riesgos y oportunidades, los procesos establecidos por la empresa deben reflejar e incorporar los principios establecidos por el CSRD, para lo cual se presenta la siguiente propuesta metodológica:

  1. Evaluación y contexto de la situación actual de la organización: desk research externo e interno para entender los temas materiales, la naturaleza de la compañía y su cadena de valor, así como mapa de grupo de interés y audiencias impactadas.
  2. Identificación de los asuntos materiales y sus impactos actuales y potenciales, positivos y negativos: investigación cualitativa sobre los principales impactos asociados a los distintos temas materiales según los grupos de interés.
  3. Evaluación y priorización de impactos más significativos según su gravedad y probabilidad de ocurrencia (investigación cuantitativa): consulta a grupos de interés para conocer la gravedad y ocurrencia de los impactos/efectos que la empresa tiene sobre el medioambiente y las personas (materialidad de impacto) así como los impactos/efectos del entorno en el valor económico de la empresa (materialidad financiera).
  4. Supervisión, validación y contraste de la matriz de doble materialidad: ponderación de asuntos relevantes en función de su impacto en la sociedad y su impacto sobre el valor de la compañía (doble materialidad), construcción de matriz de doble materialidad y presentación a los miembros del comité.

Hacia el triple impacto

La doble materialidad implica que las compañías deberán tener en cuenta tanto los riesgos como las oportunidades desde ambas perspectivas, la financiera y la no financiera. En este sentido, cabe destacar que, del mismo modo que la materialidad ha evolucionado, también lo han hecho las tendencias narrativas, pasando de hablar de aspectos ASG en la “Era del desempeño”, a un enfoque sistémico en la “Era de las consecuencias”. Asimismo, la creación de valor para los grupos de interés ha sido sustituida por el activismo corporativo de las organizaciones como catalizadores de la regeneración del bienestar.

Este nuevo contexto sitúa a las organizaciones como agentes transformadores. Así, consideramos que la doble materialidad constituye un primer acercamiento a la identificación de las oportunidades financieras relacionadas con la sostenibilidad. De integrarse en su modelo de negocio, esta perspectiva podría generar rentabilidad a través del desarrollo de nuevos proyectos, modelos de negocio o productos y servicios nativos sostenibles.

Nuestra propuesta metodológica incluye,de forma complementaria, las siguientes fases:

  1. A) Alineación de la doble materialidad con los requerimientos de Bcorp y las áreas de impacto, como un paso previo para un posterior proceso de certificación para constituirse como una de las “Mejores empresas para el mundo”.
  2. B) Identificación y priorización de posibles proyectos de innovación de triple impacto, en línea con las oportunidades financieras resultantes de la doble materialidad (impactos ambientales, sociales y económicos), que den respuesta a los retos glocales y los ODS.

Las compañías pueden reajustar sus impactos no solo para gestionar su desempeño y sus actuales y potenciales riesgos e impactos (doble materialidad), sino también para ser capaces de identificar posibles oportunidades de negocio que resuelvan problemas sociales, ambientales y económicos, generen un (triple) impacto sistémico y contribuyan a mantener ese “equilibrio homeostático”.

¿Necesitas asesoramiento para llevar a cabo la doble materialidad en tu empresa? Contacta con nuestro equipo y te ayudamos. 

Ser B Corp

¿Te gusta cómo está el mundo? Ser B Corp puede ser el camino

Ser B Corp

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

Por Rubén González-Román, responsable de Investigación e Inteligencia Social y B Corp Leader de 21gramos, Multiplicador B certificado por B Lab Spain y miembro del Grupo Impulsor de la Comunidad B Madrid.

El siglo XXI comienza marcado por un contexto global y local que invita no solo a repensar el sistema socioeconómico y político actual, sino principalmente a tomar medidas de actuación inminentes como sociedad. En su momento listamos los indicadores que nos hacían constatar que los diferentes agentes mundiales (inversores, CEOs, medios de comunicación, marcas/empresas, instituciones gubernamentales y consumidores/ciudadanos) siguen la tendencia hacia una nueva economía del propósito y el Triple Balance (económico, medioambiental y social).

En nuestro IV Estudio Marcas Con Valores ya adelantamos que nos encontramos totalmente inmersos en un momento histórico, en el que estamos obligados a abrazar la nueva incertidumbre, que denominamos “la era de las consecuencias”.

En medio de este nuevo contexto consciente, como ya contextualizamos en el artículo “#BTheRechange: herramientas para aprender a repensar y reactuar ahora”, en 2008 nació un movimiento de organizaciones que creen en una mejor manera de hacer negocios (“We Believe in a Better Way Of Doing Business”). Su medio es usar el poder de la empresa y el mercado como fuerza para el bien común con el objetivo activar el cambio sistémico, de transformar el mundo y generar un impacto positivo en los individuos y el planeta.

Actualmente la comunidad B Corp está compuesta por personas que están liderando el cambio en más de 4.400 organizaciones en todo el mundo (más de 100 tienen presencia en España), repartidas en 77 países y representando a 153 industrias con un único objetivo: que un día todas las compañías compitan por ser las mejores no DEL mundo, sino PARA el mundo.

Las B Corp trabajan, entre otros retos, para:

  • Reducir la desigualdad y la pobreza: 110.233 millones de euros facturados en 2021 en todo el mundo de los cuales 6.000 millones han sido facturados en España, empleando a más de 14.500 trabajadores entre todas las B Corps nacionales de las cuales 7 de cada 10 cuentan con una o más mujeres en puestos directivos.
  • Cuidar el medio ambiente: tienen un 250% más probabilidades de ser neutras en carbono que las empresas convencionales y más de 500 de todo el mundo se han comprometido a serlo para 2030 (entre las que se encuentra 21gramos).
  • Fortalecer las comunidades: 8 de cada 10 en España contratan a personas de colectivos vulnerables y casi 8 de cada 10 de las que tienen presencia en territorio nacional cuentan con uno o más proveedores locales.
  • Crear puestos de trabajo de alta calidad con dignidad y propósito: experimentan un 20% más de probabilidades de permitir un horario laboral flexible en comparación con las empresas convencionales y el 65% de las nacionales tienen un rango salarial inferior a 5 entre el salario mínimo y máximo de la empresa.

* Datos recogidos de la Memoria Anual 2021 B Lab Spain

La declaración de interdependencia

Los valores y las aspiraciones de la comunidad B Corp están incorporados en sus estatutos y en la firma de la Declaración de Interdependencia. Se les exige legalmente que tengan en cuenta en la toma de decisiones no solo a sus accionistas sino también a sus trabajadores, clientes, proveedores, comunidad y medio ambiente.

Especialmente en nuestro continente, Europa, vislumbramos diferentes acciones y asociaciones como la B Corp Climate Collective, la Interdependence Coalition, la Beauty Coalition o la campaña #StandWithUkraine que demuestran que la Comunidad B asume que realmente funciona como una red interdependiente que es capaz de multiplicar esfuerzos para hacer frente a los retos glocales.

La evaluación de impacto B (EIB) o B Impact Assessment (BIA) y su relación con otros estándares de medición de impacto

Aunque existen diferentes formas de formar parte de la Comunidad B y herramientas para aprender a co-innovar y liderar el cambio, como ya explicamos en “#BTheRechange: herramientas para aprender a repensar y reactuar ahora”, la Evaluación de Impacto B (EIB) o el B Impact Assessment (BIA) es la principal herramienta que permite a las empresas medir, gestionar y mejorar el desempeño social y ambiental al proporcionar un marco estandarizado, intuitivo y fácil de usar para medir su impacto en todos sus grupos de interés (y no solo en sus accionistas). 

La EIB es la herramienta exclusiva utilizada para obtener el estatus B Corp. Gratuita, online y confidencial, se convierte en el camino y la guía perfecta para cumplir con los más altos estándares de desempeño social y ambiental, transparencia pública y responsabilidad legal. Más de 190.000 compañías en todo el mundo (de las cuales más de 5.730 son españolas) utilizan esta herramienta para medir y gestionar su impacto.

El estatus B Corp tiene una mirada íntegra de toda la empresa a diferencia de algunos otras certificaciones cuyo propósito es legitimar el origen de la materia prima (Ej: FSC), una marca o producto (Ej: Organic, Fairtrade) o un área de la empresa (Ej: Great Place to Work). B Corp evalúa y verifica a la empresa en todas sus áreas de gestión e impacto: gobernanza, trabajadores, comunidades, medioambiente y clientes. 

Adicionalmente, también evalúa y otorga puntos a aquellas empresas que tengan un modelo de negocio de impacto, es decir, que tengan un propósito empresarial con fines sociales y/o ambientales.

Como herramienta de gestión y medición del impacto, la EIB se asocia con y complementa una variedad de diferentes estándares (GRI, SASB, Carbon Disclosure Project, Down Jones Sustainability Index, Future Fit Business Benchmark, IRIS Impact, o Reporting Investment Standards), certificaciones y marcos de medición de impacto. Lo logra incorporando sus estándares directamente en la EIB y/o utiliza sus sistemas con fines de verificación. En el siguiente enlace se puede comprobar con más detenimiento las diferencias entre B Corp y otros estándares. Además la plataforma colaborativa The Impact Management Platform nos permite entender la interdependencia de estos indicadores.

Quiero formar parte del Movimiento B y ser B Corp, ¿por dónde empiezo? El B Corp Way como inicio del camino

Cada vez más, las organizaciones buscan formar parte del movimiento. Se ha experimentado casi un 30% de crecimiento de la comunidad mundial entre 2020 y 2021 y un 63% en concreto en España. Además, se han recogido más de 30.000 firmas para pedir al gobierno español una ley que reconozca a las empresas con propósito, figura jurídica que ya ha sido implantado en otros países como EE.UU; Francia o Italia

No obstante, las complejas estructuras y necesidades de cada empresa pueden dificultar que consigan ya no solo participar en el ecosistema sino obtener la certificación (más de 78 versiones de la EIB según tamaño, localización y sector y un mínimo de 80 puntos requeridos para optar a la certificación). Recordemos que solo solo el 3% (casi 4.500 empresas a nivel mundial) ha logrado cumplir con el alto estándar que supone la EIB.

B Corp Way es una plataforma que permite a las empresas conectar con Consultoras B Corp que se ajustan a sus necesidades específicas y tienen las habilidades y conocimientos necesarios para apoyarlas en el camino.

En 21gramos, además de ser una empresa B certificada desde 2019, haber conseguido el reconocimiento de Best For The World el mismo año y formar parte del Grupo Impulsor de la Comunidad B de Madrid desde 2020, nos sentimos orgullosXs de estar validados por B Lab Europe como un B Corp Way Partner, es decir, un acompañante validado disponible para todas aquellas organizaciones que quieran entrar en el movimiento B a través del BIA.

Ser B Corp es…

Ser B es ser auténtico y valiente a la vez que imperfecto.

Ser B es utilizar la fuerza de las empresas para promover la paz y la interdependencia.

Ser B es aspirar a ser las mejores empresas para el mundo.

Ser B es medir y mejorar el impacto que nuestras acciones tienen en las personas y el planeta.

Ser B es cumplir con los más altos estándares sociales y ambientales e informar con transparencia.

Ser B es comprender que si algo nos beneficia pero perjudica al mundo, entonces no nos beneficia.


¿Necesitas asesoramiento para la Evaluación de Impacto B (EIB)? En 21gramos nos focalizamos en ayudar a aquellas empresas que quieran ser B Corp, que deseen mejorar su impacto o que simplemente busquen asesoramiento para el proceso. 

Impacto Social

¿De qué hablamos cuando hablamos de impacto social?

impacto social

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

Por Carlos Ballesteros y Beatriz Delfa Rodríguez.

Mientras que los resultados sociales son el efecto directo de una acción o proyecto, los impactos sociales se refieren a la transformación y mejora (a corto, medio y largo plazo) que se deriva de ellos.

El impacto social está de moda pero ¿realmente sabemos de qué se habla cuando tanto empresas y emprendedores como ONG y hasta la Administración lo invocan? El impacto medioambiental dispone de marcos regulatorios que facilitan su comprensión y, en ocasiones, el cumplimiento de normativas que velan por la reducción del impacto negativo sobre el medioambiente de todo tipo de acciones y que, a su vez, potencian aquellas que favorecen los impactos positivos.

De hecho, resulta relativamente sencillo conocer cuáles son los resultados e impactos de ciertas acciones. Por ejemplo: promover la descarbonización del sector energético europeo tendría como resultado un descenso de las emisiones de CO₂.

El impacto medioambiental a medio y largo plazo derivado de este resultado sería, por su parte, el control del incremento de la temperatura global del planeta. Es decir, los resultados son un efecto directo de una actividad o acción mientras que un impacto es la transformación a corto, medio y largo plazo que se deriva de ellos.

¿Impacto o resultado?

En cambio, el impacto social es un área mucho menos madura en lo que a gestión se refiere. A nivel de políticas, regulaciones y normativas, el impacto social no dispone de un reglamento regulador específico en España, sino de elementos aislados. Algunos de ellos son, por ejemplo, la regulación sobre los derechos de los trabajadores o las normativas de servicios sociales para la ciudadanía.

En el marco europeo, en la estrategia de Europa 2020, se contempla potenciar que los Estados miembro desarrollen políticas específicas para la protección e inclusión social, pero, incluso desde Europa, apenas se está comenzando a generar consenso en torno a este tema.

Otro nivel es el de la gestión del impacto social por parte de las organizaciones mediante todo tipo de acciones y proyectos. En los últimos tiempos, muchas de ellas hacen alarde de cifras que no queda claro si, bajo el cartel de impactos sociales, esconden resultados o impactos.

Numerosas páginas web de ONG destinan un espacio al impacto social generado y, sin embargo, dan cifras tan simples como el número de beneficiarios o de proyectos en ejecución. De la misma manera pasa con las empresas cuando dicen que dan empleo a cierto número de personas con discapacidad o en exclusión social y lo llaman impacto social.

En busca de un lenguaje común

El principal dolor de cabeza en esta difícil distinción es que, en cuanto al impacto social, los cambios a medio y largo plazo dependen, en algunos casos, de valoraciones de intangibles o variables que son más difíciles de medir que los grados que sube o baja la temperatura del planeta.

Entonces, quizás deberíamos llamar a las cosas por su nombre y denominarlos resultados sociales. Es decir: datos que se producen como consecuencia directa de una acción o proyecto (número de destinatarios o número de kilos de comida recaudada). Son números, a menudo espectaculares en sí mismos, pero que no explican los posibles cambios y transformaciones que hay detrás de ellos.

Así, mientras que los resultados sociales fruto de una acción o proyecto son eminentemente cuantitativos y fácilmente medibles, para medir los impactos sociales, que suponen un cambio o transformación en la vida de personas u organizaciones, debe transcurrir un tiempo mínimo entre la finalización de la acción y su medición. En ocasiones, es difícil medir los impactos generados, a no ser que empleemos técnicas cualitativas para ello.

En la búsqueda de un lenguaje común sobre el tema, el principio básico es saber diferenciar los conceptos de impacto y de resultado sociales. Después vendrán los marcos de referencia, los principios, las metodologías de medición… Más tarde vendrá el análisis de buenas prácticas.

Empezar por el principio, con propuestas para la medición y gestión del impacto social, y buscando un lenguaje común, es empezar con buen pie. Y eso es lo que se ha hecho a través del Primer Informe del laboratorio de ideas organizado por la Cátedra de Impacto Social de la Universidad Pontificia Comillas, que ha reunido a casi 50 organizaciones. Se han identificado las limitaciones y escollos a la hora de medir y gestionar el impacto, y se han recogido propuestas concretas de cómo superarlos, ahondando en conceptos y terminología básicas para construir un lenguaje común con el que poder cimentar la base del ecosistema social.The Conversation


Carlos Ballesteros, Profesor. Director de la Consultoria Social Empresarial ICADE, Universidad Pontificia Comillas y Beatriz Delfa Rodríguez, Profesora investigadora, Universidad Pontificia Comillas. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Si necesitas asesoramiento para aplicar estrategias de impacto positivo en tu organización, contacta con nosotros. Somos expertos en sostenibilidad.

Cop26

Cambio climático: del dicho al hecho (y ya es urgente hacer)

cop26

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

Por el equipo de consultoría en sostenibilidad de 21gramos.

En el contexto económico y sanitario actual, rediseñar el modelo de producción y consumo puede parecer una locura, pero no dejará de ser necesario: por mucho que se postergue la tarea, cada vez será más apremiante acometerla.

Hace unos años, cuando hablábamos sobre el cambio climático se planteaban posibles soluciones para prevenirlo, pero ahora, cuando la ciencia indica que eso es ya inevitable, no queda otra opción que pensar alternativas para mitigar los efectos que ya van a acompañarnos durante la próxima era.

Como cualquier problema de índole global, el cambio climático tiene una dimensión poliédrica y unas raíces profundas en el sistema económico que resulta preciso conocer para poder diseñar una estrategia planetaria que integre las necesidades y expectativas de todos los países y agentes involucrados.

Memoria histórica del carbono

Según datos del  OWID,  hasta mediados del siglo XX las emisiones  de CO2 a nivel global estaban dominadas por Europa y Estados Unidos: en 1900 más del 90% de las emisiones se producían en ambas zonas, y aún durante 1950 suponían el 85% del total mundial.

Podríamos aventurarnos a decir que los países del mal llamado primer mundo hemos establecido las reglas de una economía y hábitos de vida cimentados en un sistema industrial destructivo, que durante el último siglo ha consumido incontables recursos naturales y generado emisiones que destruyen nuestra biosfera.

Actualmente el 63% de las emisiones globales provienen de los países denominados «en vías de desarrollo», con un nivel de ingresos bajos a medianos altos, que buscan poder lograr también la prosperidad económica siguiendo las actuales reglas del juego asentadas por el resto de países.  Debido a esto, cuando las instituciones europeas, cada vez más conscientes del problema, impulsan debates públicos para introducir cambios en el sistema, encuentran la resistencia de estos países, que no disponen del margen de maniobra necesario para implementarlos.

Las posibles alternativas para la mitigación del ya palpable cambio climático deben integrar, por tanto, un enfoque sistémico que cambie las reglas para un juego limpio en el acceso al progreso ético de las sociedades industriales modernas.

La cumbre más escarpada

Del 1 al 12 de noviembre próximos se celebrará en Glasgow la vigésimo sexta conferencia de las partes del Convenio Marco de las Naciones Unidas contra el cambio climático, la COP26. Una cita prevista para 2020, el año cero de la Década de la Acción, donde debían haberse sentado las bases para segurar que se cumplían los compromisos aceptados en París en 2015. En este primer año de la década, no solo es aún mayor la necesidad de afianzarlos, sino que necesariamente han de plantearse en el nuevo contexto mundial  –social y económico– dibujado por la pandemia de coronavirus que pospuso la cita climática.

Mirando hacia atrás, aunque es cierto que no todas las cumbres han respondido a las expectativas, vemos un camino jalonado de obstáculos que incluye, sin embargo, muchos pequeños pasitos hacia adelante que nos sirven para encarar la nueva cita con optimismo y ambición.

Los próximos avances

La Unión Europea se ha erigido en líder de la acción climática, generando la legislación más innovadora y más estricta, pero no exenta de polémica. Aún falta por avanzar en otros aspectos clave: es preciso tomar medidas para evitar la fuga de carbono e impedir que las emisiones se trasladen a otros lugares del mundo, llevándose consigo empleos y conocimiento; es necesario articular un mercado de carbono global, donde todos los actores protagonistas desempeñen su papel con reglas homogéneas; es imprescindible pilotar una transición justa, que no equitativa, donde aporten más quienes tengan mayor capacidad para hacerlo.  Por último, que no menos importante, es urgente llegar a un acuerdo sobre la neutralidad tecnológica, definiendo qué significa, qué supone y, sobre todo, en qué medida puede ser un criterio eficiente para la transición; o si, por el contrario, puede dificultar que se tomen decisiones disruptivas.

Por el momento, a través de la reciente Ley Europea del Clima y el paquete Objetivo 55, además de la Ley española de cambio climático y transición energética, se han puesto ya sobre el calendario algunos hitos que ofrecen algo de certidumbre en este panorama tan complejo, aunque muchos sean todavía propuestas.

En amarillo, hitos climáticos previstos en España; en azul, a nivel europeo. Fuente: Bruegel. Fuente: Ley 7/2021, de 20 de mayo, de Cambio Climático y Transición Energética.

En el contexto económico y sanitario actual, rediseñar el modelo de producción y consumo puede parecer una locura, pero no dejará de ser necesario: por mucho que se postergue la tarea, cada vez será más urgente acometerla. Este es el mejor momento para tomar las decisiones valientes que el planeta necesita e intentar evitar que en el medio plazo se agraven los episodios meteorológicos extremos, para empezar a generar una conciencia colectiva que lo impulse.

Si necesitas asesoramiento para saber cómo incluir las cuestiones relacionadas con el cambio climático en tu organización, contacta con nosotros. Somos expertos en sostenibilidad.

Modelo Esg

Modelo ESG: El medioambiente, la sociedad y el buen gobierno, claves de la empresa actual

modelo esg

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

Por Carlos Ballesteros y José María Elola Oca.

El contexto global y el ecosistema empresarial están cambiando y evolucionando a gran velocidad. Esto se debe a la influencia de los consumidores, cada vez más conscientes del poder que le otorgan sus decisiones de compra, y de los inversores, que apuestan cada vez más por empresas que se rigen por criterios sostenibles y sociales.

Las secuelas económicas, laborales y sociales de la crisis financiera de 2008 siguen todavía presentes y se han visto agravadas y acentuadas por la crisis provocada por la pandemia de la Covid-19. A los ya conocidos retos medioambientales (cambio climático, pérdida de biodiversidad, contaminación del aire, acceso al agua), se han unido otros, principalmente de carácter socio económico, como:

  • El desempleo.
  • La pérdida de poder adquisitivo de las familias.
  • El elevado porcentaje de población en riesgo de pobreza y las nuevas manifestaciones de la misma.
  • La desigualdad de oportunidades en el acceso a la educación (causada entre otras variables por la brecha digital).
  • Los flujos migratorios descontrolados.

¿Cómo responden las empresas a estas necesidades?

Durante las últimas décadas, las empresas han tratado de dar respuesta a estas necesidades a través de sus departamentos de Responsabilidad Social Corporativa. Un área normalmente ajena al corazón del negocio, que funciona como la cara amable de la empresa, mediante la colaboración con ONG o la realización de actividades con las comunidades.

Poco a poco las empresas han ido superando este enfoque y ahora son capaces de reconocer su papel como agentes de desarrollo económico, social y medioambiental, y de asumir un rol protagonista en esta adaptación de la economía. Ahora buscan aprovechar su capacidad de impacto y escalabilidad para transformar y mejorar las comunidades y los ecosistemas en los que operan.

El contexto global y el ecosistema empresarial están cambiando y evolucionando a gran velocidad. Esto se debe a la influencia de los consumidores, cada vez más conscientes del poder que le otorgan sus decisiones de compra, y de los inversores, que apuestan cada vez más por empresas que se rigen por criterios sostenibles y sociales.

Regulación y control

Al poder que ejercen consumidores e inversores se ha unido una ola regulatoria que busca redefinir las reglas de un nuevo modelo económico. Por citar solo una de las normas de mayor repercusión en este ámbito, el 29 de diciembre de 2018 se publicó en el BOE la ley en materia de información no financiera y diversidad en España.

Dicha normativa obliga a las empresas de más de 500 empleados a incluir en su memoria de actividades información sobre sus actuaciones en:

  • Materia medioambiental (contaminación, sostenibilidad, cambio climático, protección de la biodiversidad).
  • Cuestiones sociales y de gestión de recursos humanos (empleo, organización del trabajo, accesibilidad de las personas con discapacidad, políticas de subcontratación y proveedores, política fiscal, actuaciones en materia de derechos humanos, etcétera).

El sector empresarial es cada vez más consciente de su rol de agente de cambio respecto a estas problemáticas, y de cómo debe abordarlas a través de su cadena de valor. Es decir, desde las capacidades de sus empleados, el desarrollo de sus negocios, la interacción con sus clientes y proveedores, las políticas de inversión o su propia acción en la comunidad.

Las empresas se están dando cuenta de que tener un propósito claro inspira confianza tanto a los líderes como a los diferentes grupos de interés. Además, puede generar una ventaja competitiva en momentos de cambio e incertidumbre, al tiempo que les permite afrontar los nuevos desafíos económicos, sociales y medioambientales.

Modelo ESG: un nuevo enfoque empresarial

El modelo ESG (Environmental, Social, Governance; ambiental, social y de buen gobierno) ofrece un estándar de referencia para que las organizaciones empresariales reenfoquen sus estrategias, identificando, midiendo e informando de sus impactos en estos aspectos.

La consultora Standard&Poors publicó recientemente los datos de ESG de más de 9.000 empresas a nivel mundial. Hasta ahora, la aplicación de este modelo se había limitado a la divulgación e información de los impactos, sin ofrecer una respuesta integral sobre estos temas. La empresa ha intervenido, en mayor o menor medida, en los tres planos básicos, económico, social y medioambiental, desarrollados por J. Elkington en 1994 en su modelo de triple resultado:

  • En el plano económico: las empresas se crean para generar beneficios económicos a sus accionistas de la manera más eficiente posible. Este fin es un elemento fundamental e intrínseco a cualquier empresa, tanto en el plano interno, a través de la generación de fuerza de trabajo y salarios asociados, como en el plano externo, con la generación de nuevas inversiones de capital derivadas.
  • En el plano social: las empresas surgen de una agrupación y desarrollo organizativo que sirve a la sociedad desde diferentes ángulos. Las empresas contribuyen al desarrollo social a través de la promoción de sus trabajadores y de la venta de productos y servicios que cubren las necesidades y demandas de los ciudadanos.
  • En el plano medioambiental: la empresa debe considerar el ecosistema en el que se desenvuelve, los recursos de los que dispone y los impactos que generan sus actividades. Debe haber un equilibrio sostenible de retroalimentación entre el entorno y la empresa.

A mediados del siglo XX empezó a forjarse el concepto de sostenibilidad y su relación con el ecosistema empresarial. El economista Ludwig von Mises ya concibió a la naturaleza como un factor de producción finito y destructible en su obra de Acción humana, un tratado sobre economía (1949), superando así el modelo enunciado en el siglo XIX por David Ricardo, según el cual los recursos naturales eran inagotables.

Actuar por interés pero mejorando la comunidad

La Cátedra de Impacto Social de la Universidad Pontificia Comillas ha presentado un cuaderno de trabajo, primero de una colección sobre el modelo ESG. Siguiendo un listado no exhaustivo de buenas prácticas, se ilustran diferentes maneras de transformar las actividades y los procesos empresariales para integrar los factores ESG a lo largo de las cadenas de valor.

En este sentido planteamos un nuevo modelo económico en el que el propósito social y medioambiental se integren en la estrategia corporativa de las compañías, desarrollando el concepto de valor compartido planteado por Porter y Kramer en 2011, y por Serafeim en 2020.

No se trata de apostar por la RSC tradicional, sino de asumir un comportamiento que, aunque animado por el interés propio en la creación de valor económico, también cree valor para la sociedad. Las oportunidades que ofrece este nuevo paradigma, centrado en el desarrollo sostenible de la economía y de los negocios, puede resultar atractivo y rentable para las compañías:

  1. Creando un desarrollo estratégico sostenible, al desarrollar una ventaja competitiva centrada en los principios ESG y que satisfaga las necesidades del cliente
  2. Alcanzando eficiencias operativas al controlar mejor los costes indirectos: el consumo excesivo de recursos (agua, energía…), las emisiones de gases contaminantes y la generación de residuos, y solucionando problemas relacionados con la salud, la seguridad y el trato igualitario de los trabajadores, entre otros. Se trata de atender las externalidades, elementos que han sido aparentemente ajenos a la estructura empresarial pero que ahora, al tomar en cuenta los principios de impacto social, medioambiental y de buen gobierno, se sitúan dentro de la esfera de control de la empresa. Esta incorporación obliga a emplear nuevos métodos de gestión, operaciones y actividades que permitan un beneficio económico derivado de las eficiencias generadas.

El sistema ESG es, por tanto, un marco de referencia que, con sus principios, métricas y herramientas, permite a las organizaciones empresariales enfocar sus estrategias, transformar sus procesos y tomar decisiones que mejoren las condiciones de vida de los ciudadanos y las características del ecosistema, mientras que, muy probablemente, empiecen a mejorar también sus propias condiciones y resultados de negocio.The Conversation


Carlos Ballesteros, Profesor. Director de la Consultoría Social Empresarial ICADE, Universidad Pontificia Comillas y José María Elola Oca, Miembro Investigador de la Cátedra de Impacto Social de ICADE, Universidad Pontificia Comillas. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Si necesitas asesoramiento para aplicar los criterios del modelo ESG en tu organización, contacta con nosotros. Somos expertos en sostenibilidad.

EINF

EINF 2022: un ejercicio de reflexión con propósito

EINF

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

Por el Equipo de Consultoría Estratégica en Sostenibilidad de 21gramos.

En torno a 30.000 empresas tendrán que presentar en 2022 su Estado de Información No Financiera (EINF 2022) acompañando a sus cuentas anuales de 2021. ¿Sabes si la tuya es una de ellas?

Recientemente, en el artículo El dress code del reporting en sostenibilidad, avanzábamos las características de la nueva propuesta de Directiva de Informes de Responsabilidad empresarial, que pretende establecer un marco único de reporte que integre las crecientes normativas y exigencias en torno a la exhaustividad y transparencia en la gestión de la sostenibilidad. Además de favorecer la calidad de la información de los reportes, esta nueva propuesta apuesta por la adopción de un formato electrónico normalizado y un mayor control interno, introduciendo las sanciones por incumplimiento y la obligación de que los informes se sometan a verificación externa.

En esta ocasión, al hilo del estudio realizado por Grant Thornton sobre el reporte en las medianas empresas, desde 21gramos planteamos la necesidad de reflexionar sobre los beneficios y las implicaciones de una adecuada preparación del reporte para la implantación en las compañías de una gestión sostenible: en torno a 30.000 empresas tendrán que presentar en 2022 su Estado de Información No Financiera (EINF) acompañando a sus cuentas anuales de 2021.

¿Podemos considerar la legislación como un acelerador de cambios sociales?

En el caso de los reportes no financieros, su elaboración nace con la vocación de concienciar a las empresas sobre la importancia de cumplir con los aspectos ambientales, sociales y de buen gobierno (ASG) y, por ello, suponen una ayuda de cara al progreso de las empresas en el ámbito de su gestión y contribuyen a que estas se encaminen hacia un futuro que, sin duda, es sostenible. Sin embargo, en España solo un 34% de las empresas reconoce la ayuda que supone, mientras que el 90% considera que la finalidad de los informes es de cumplimiento.

Precisamente por su carácter legal, el reporte forma parte de la agenda de la alta dirección, marca los tiempos y visibiliza los logros de las compañías. De cara a otros agentes, como los inversores e instituciones financieras, estos informes dan respuesta a la exigencia, hoy ya generalizada, de afianzar la sostenibilidad como una prioridad estratégica y avanzar hacia negocios tan verdes y tan responsablemente gestionados como sea posible.

Por ello, rotundamente, la normativa debe entenderse como un catalizador del impulso en el ámbito de la sostenibilidad que deben dar las compañías del siglo XXI, tanto por cuestiones de reputación, compromisos institucionales y corporativos, como por legislación y normativa internacional.

El reporte, la asignatura pendiente de las medianas empresas en España

Sorprende que, a pesar de los beneficios –y la obligatoriedad legal– que tiene la elaboración del informe, el 42% de los empresarios se han manifestado desconocedores de la ley sobre Información no financiera.

Como consultoras y activistas en sostenibilidad, el dato exige, como mínimo, hacer una urgente llamada a la acción. En junio, el contador se pone a cero y empieza la cuenta atrás para el reporte obligatorio de todas aquellas empresas que consolidan cuentas anuales, tienen más de 250 empleados y cumplen con uno de los dos requisitos de facturación (40 M€) o partidas de activo superior a 20 M€.

Calentando motores para el reporte del ejercicio 2021

En contraste con los anteriores, Grand Thornton señala que un 60% de las medianas empresas ya recogen los indicadores ASG y están preparándose para reportar. Es ahora, con un año por delante, cuando debe empezarse a recopilarse la información.

Otra información interesante que arroja el estudio es que ya sea por desconocimiento de la materia, porque ignoran los indicadores que deben reportar o porque no cuentan con las herramientas adecuadas, un 40% de las empresas encuestadas no han empezado todavía a trabajar en su informe.

Un 40% de las empresas encuestadas por Grand Thornton no han empezado todavía a trabajar en su informe

Sin embargo, la realidad es que muchas de estas empresas cuentan con políticas, acciones, planes de Responsabilidad Social e igualdad y otras medidas que reflejan requisitos legales, acuerdos laborales o buenas prácticas, pero desconocen que se encuentran tan solo a un paso de poder implantar un Plan de sostenibilidad. En definitiva, una hoja de ruta que contribuya a su progreso, les permita establecer bases adecuadas para el reporte y una herramienta de mejora continua y consolidación de su reputación.

A todas ellas: que no cunda el pánico. Contamos con un año para la preparación.

Entender la normativa desde su propósito

Objetivo 1: Concienciación

Recordemos que la Ley no obliga a las empresas a tomar medidas ambientales o sociales, sino que les exige que informen sobre las que toman: si no gestionan estos asuntos, deberán señalar que no lo hacen, con las consiguientes consecuencias frente a sus grupos de interés.

Por esta razón, es esencial elaborar un reporte con unas bases sólidas y un planteamiento previo del objetivo que ponga de manifiesto los beneficios de reportar, de acuerdo con el espíritu de una ley que pretende que este sea un ejercicio para concienciar a las empresas sobre la relevancia de gestionar correctamente los aspectos ASG.

Objetivo 2: gestión integral con perspectiva sostenible

El espíritu de la ley busca el impulso de una gestión integral de la empresa con perspectiva sostenible, es decir, donde se contemplen los impactos que la actividad supone para los grupos de interés, en la misma medida en la que se gestionan los riesgos y oportunidades que la empresa detecta.

En ese sentido, se debe establecer un diálogo con los grupos de interés y activar la escucha de la compañía para identificar los aspectos que son materiales para ambos. A través del análisis de materialidad, que tiene su base en la propia Ley de Información no financiera, se convierte este diálogo en una herramienta de mejora de la gestión idónea para saber cuáles son los asuntos relevantes que la organización debe incorporar y gestionar, pues son aquellos que preocupan y afectan a todos sus grupos de interés.

Este espíritu conlleva, además, plantearse un sistema de métricas adecuado sobre la que la empresa podrá pilotar su evolución en los próximos años a través de indicadores comparativos de mejora.

La utilización de herramientas de gestión y control de la información no solo facilitará la eficiencia, sino que contribuirá a reducir riesgos asociados al incumplimiento y a reforzar la reputación de las compañías como empresas sostenibles, al ofrecer garantías de calidad y control interno de la información. Además, las métricas también contribuyen a facilitar el proceso de verificación externa.

Hacia una comunicación sexy que ponga en valor los esfuerzos de las compañías

Además del rigor técnico, una parte clave a destacar en la realización del informe es la forma de comunicarlo: es posible sacar el máximo partido al esfuerzo de reportar y convertir la valiosa información recopilada en contenidos atractivos para su difusión en los canales disponibles para el diálogo con los grupos de interés; generar contactos con ellos y compartir conversaciones, facilitar la difusión de las buenas prácticas y, sobre todo, seguir detectando expectativas y las mejores maneras de cumplirlas.

Desde aquí nuestra felicitación a todas las empresas que, en 2022, tendrán la satisfacción de contar a sus grupos de interés sus éxitos individuales en la gestión de los grandes desafíos globales de 2021.

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Si necesitas asesoramiento para realizar este proceso en tu organización, contacta con nosotros. Somos expertos en sostenibilidad.

Reporting Sostenibilidad

El dress code del reporting en sostenibilidad

Reporting sostenibilidad

Consultoría Estratégica en Sostenibilidad

Por Sandra Segura, técnico de sostenibilidad de 21gramos.

Con el aumento de las normativas y exigencias en torno al reporting en sostenibilidad, que demandan cada vez una mayor exhaustividad y transparencia, se pone de relieve la necesidad de las empresas de contar con un sistema de gestión estratégico de la sostenibilidad que permita la obtención de indicadores para el control y mejora del desempeño de la compañía, así como para su rendición de cuentas.

Tendencias en normativas y marcos de sostenibilidad

La sostenibilidad, la información no financiera, la responsabilidad social (RSE, RSC) el desempeño ESG, el desarrollo sostenible… son diversos términos que en su aplicación práctica hacen referencia al mismo concepto para integrar en las compañías: gestionar los impactos ambientales, sociales y de gobernanza de acuerdo a las expectativas/necesidades de los grupos de interés en conjunción con los objetivos estratégicos/operativos.

En línea con este concepto, podemos entender que entre los aspectos materiales siempre se encontrará, de manera directa o indirecta, el cumplimiento de la legislación que le es de aplicación en sus dimensiones. Por tanto, la gestión de los impactos que trascienden el mero cumplimiento de la ley, depende del compromiso y nivel de madurez de la compañía para su identificación, gestión y reporte sobre su desempeño.

La obligación de informar sobre cómo gestiona cada empresa sus impactos se materializa en reportes específicos propios de cada uno, que describen su forma particular de responder a las obligaciones legales y demandas de sus grupos de interés. 

Propuesta de Directiva de informes de sostenibilidad empresarial (CSRD)

El 21 de abril de 2021 la Comisión Europea adoptó la nueva propuesta de Directiva de informes de sostenibilidad empresarial (CSRD), por la que se modifican las directivas de contabilidad, auditoría (Directiva 2013/34/EU y su reglamento) y transparencia (Directiva 2004/109/EC).

El objetivo de esta nueva directiva es establecer unas reglas básicas de reporting comunes en la Unión Europea con el fin de aumentar la transparencia y mejorar la información reportada sobre el desempeño ESG de las compañías: una información de mayor utilidad para los grupos de interés, consistente, homogénea y que permita la comparabilidad entre compañías.

Antecedentes

La Directiva sobre la divulgación de información no financiera (Directiva 2014/95/UE) requiere que determinadas empresas incluyan un estado no financiero entre sus obligaciones de información pública anual. Las empresas incluidas en el ámbito de aplicación de esta directiva debieron informar por primera vez en 2018 (en relación con el ejercicio financiero de 2017).

En 2018 la Comisión Europea llevó a cabo una consulta pública sobre la información corporativa publicada, entre cuyos resultados se concluyó que el reporte no financiero divulgado por las empresas no daba respuesta a las necesidades de información de los usuarios previstos: falta de comparabilidad y fiabilidad;  ausencia de comunicación pertinente o exceso de información no material; incertidumbre y complejidad sobre cómo y dónde presentar la información, etc.

En su Comunicación sobre el Pacto Verde Europeo la Comisión se comprometió a revisar en 2020 la Directiva sobre la divulgación de información no financiera, como parte de la estrategia para fortalecer las bases de la inversión sostenible (que procedería en gran medida del sector privado) mediante  la mejora de la transparencia para con los grupos de interés. Esto también refleja las tendencias globales, con una amplia variedad de diferentes organizaciones y partes interesadas que piden la consideración de un nuevo enfoque regulatorio para la presentación de informes no financieros.

En el marco de esta revisión, en 2020 se llevó a cabo otra consulta pública, esta vez con el de objetivo de recopilar las opiniones de los grupos de interés sobre posibles revisiones de las disposiciones de la Directiva de información no financiera. Una consulta en la que 21gramos participó a través de DIRSE (Asociación española de Directivos de Responsabilidad Social).

Características de la nueva Directiva[1]

Esta directiva prevé la adopción de un marco comunitario homogéneo para los informes de sostenibilidad, que se adaptarán a las políticas de la UE, al tiempo que se basan y contribuyen a las iniciativas internacionales de normalización. El primer conjunto de estándares se adoptará en octubre de 2022. 

Avanzando hacia la unicidad en la sostenibilidad 

La codependencia entre la gestión de la sostenibilidad y el reporting de su desempeño, recogida en la nueva propuesta de directiva, se evidencia cada vez más con el desarrollo de sinergias y proyectos que permitan la unificación de estándares para facilitar la comparabilidad y reportes conjuntos:

Una clara tendencia que marca la hoja de ruta en materia de sostenibilidad para las empresas, a la vez que plantea disyuntivas sobre el sistema de reporting en sostenibilidad que deben implantar en el corto, medio y largo plazo.

Tipos de reporting en sostenibilidad según marco utilizado

Si bien el tipo de información a reportar por una empresa viene marcado por las expectativas de sus grupos de interés, en este artículo vamos a ofrecer las claves de dos de los principales estándares de reporting en sostenibilidad y el tipo de informes en los que se utilizan.

El marco Integrated Reporting (IR)

Un informe estructurado siguiendo este marco se denomina informe integrado: comunicación concisa acerca de cómo la estrategia de una organización, su gobierno corporativo, desempeño y perspectivas, en el contexto de su entorno externo, la conducen a crear valor en el corto, medio y largo plazo[2].

De cara al reporte del Informe Integrado se pueden seguir distintas opciones:

  • Reporte Integrado que sustituya al Informe de Gestión, Informe no financiero e informe de Gobierno Corporativo.
  • Reporte Integrado que sustituya al Informe de Gestión y al Informe no financiero.
  • Informe no financiero.

Los informes integrados suelen realizarse por empresas de más de 500 empleados con el objetivo de explicar a los proveedores de capital financiero cómo la organización crea valor a lo largo del tiempo. Este tipo de informe requiere un gran nivel madurez en reporting y contar con un pensamiento “integrado” en las actividades de la organización, permitiendo la con la conectividad de la información en la elaboración del informe.

Global Reporting Initiative (GRI)

Aquellas empresas que quieren declarar que su informe de sostenibilidad se ha elaborado de conformidad con los Estándares GRI están obligadas a cumplir todos los requerimientos establecidos por GRI[3], con distintos criterios para la opción “esencial” o “exhaustiva”:

  • Esencial: contiene la información mínima necesaria para comprender la naturaleza de la organización, sus temas materiales e impactos relacionados y cómo se gestionan.
  • Exhaustiva: requiere contenidos adicionales a la opción esencial sobre estrategia, ética e integridad de la organización y su gobernanza. Además, la organización está obligada a aportar información más amplia sobre sus impactos incluyendo toda la información sobre el tema correspondiente a cada tema material cubierto por los Estándares GRI.

También existe la posibilidad de realizar un informe con referencia a GRI, que permitiría adoptar el marco de los estándares para reportar sobre la gestión de los sus impactos económicos, ambientales o sociales, pero que no quieran utilizar los Estándares GRI de manera integral. En este caso, la empresa también tendría que redactar una declaración con referencia a GRI siguiendo unos criterios específicos[4].

Aplicación en EINF

Para la elaboración del Estado de Información No Financiera (EINF), la Ley 11/2018 vigente en España requiere la utilización de un marco de referencia de reporte. En la práctica, para asegurar que se han utilizado estas referencias y para facilitar al lector la localización de estos contenidos, es habitual incluir en el informe una tabla de equivalencias entre la Ley 11/2018 y GRI, en lo relativo a los contenidos exigidos por la Ley.

Adicionalmente, si el Estado de Información no Financiera es además un informe de sostenibilidad conforme a los Estándares de GRI e incluye otros contenidos requeridos por GRI, aunque no sean exigibles según la Ley 11/ 2018, se ha de incluir también un índice de contenidos GRI específico para reportar en opción esencial o exhaustiva.

Reporting en sostenibilidad Best-in-class

Además de la expectativa de los grupos de interés y de los estándares elegidos para el reporte, la tipología de informe también vendrá marcada por el enfoque de la empresa a la hora de reportar.  De esta forma, una memoria de sostenibilidad reporta datos sobre un desempeño pasado (el año reportado), mientras que un informe de sostenibilidad incluye una proyección a futuro, con objetivos y compromisos adquiridos.

Un ejemplo de tipología de informe a realizar por una empresa que tenga un elevado nivel de madurez en la gestión de la sostenibilidad sería:

  • Un informe integrado siguiendo las directrices del International Integrated Reporting Council (IIRC).
  • De conformidad a los Estándares GRI en su opción exhaustiva.
  • Basado en una materialidad estratégica: combinando resultados del análisis con el modelo de negocio, y el sector, para identificar sus ámbitos de actuación.
  • Es decir, siguiendo las recomendaciones de la CNMV sobre la doble materialidad y la importancia de explicar cómo ha sido su proceso de elaboración, y teniendo en cuenta el impacto de la actividad de la empresa sobre la sociedad y el medioambiente, así como el impacto que todos estos aspectos tienen sobre la sostenibilidad de la empresa.
  • Que integre las recomendaciones que el WBCSD, en especial en el ámbito de la comunicación, para lograr una mayor difusión de los contenidos y de las buenas prácticas reportadas.

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Si necesitas asesoramiento para realizar este proceso en tu organización, contacta con nosotros. Somos expertos en sostenibilidad.

[1] Información extraída de SUSTAINABLE FINANCE PACKAGE. Forética

[2] The International <IR> Framework

[3] GRI 101: Fundamentos 2016. Sección 3, Tabla 1

[4] GRI 101: Fundamentos 2016, Sección 3.3

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