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De voluntario a activista

Por Lucía Roncero, Responsable de Proyectos en 21gramos

La nueva realidad que vivimos ha vuelto a poner sobre la mesa la relevancia de la interdependencia en nuestra sociedad. Un concepto sin el que no existiría el desarrollo sostenible, ya que no se refiere a otra cosa que al corto recorrido de las acciones guiadas por intereses individuales dentro de un sistema, como si de todos no dependiera uno y de uno, todos.

Al hilo del Día Internacional de los Voluntarios que se celebró el pasado 5 de diciembre y, tras trabajar en distintas acciones con algunos de nuestros clientes, hoy abordamos esta reciprocidad como ese algo elemental que eleva a las acciones voluntarias a una de las mayores expresiones de los valores de una comunidad y una de las claves para la transformación social, ya que nacen de ella genuinamente.

Empresa, ¿cuál es tu orientación social?

Todos los agentes de la sociedad están entendiendo, algunos a marchas forzadas, que el desafío es tan grande que debemos afrontarlo juntos con espíritu colaborativo. Como empresas, ya no se trata de ser una marca relevante sino de ser una marca trascendente, que sea capaz de generar –y genere– un impacto positivo y medible.

Ya no cabe preguntarse si una organización tiene orientación social sino decidir cuál es.

Ya no cabe preguntarse si una organización tiene orientación social sino decidir cuál es. Porque ser cauce del activismo social responde a la demanda de autenticidad de la ciudadanía en general (y empleados en particular) y conecta a empresas con personas a través de los valores universales. Una aportación de beneficio conjunto que grandes compañías como Caser llevan años trabajando, poniendo ahora el foco en su área de voluntariado corporativo a través de espacios como Fundación Caser Eres tú, que sitúa a los empleados como protagonistas de su acción social.

El activista siempre estuvo ahí

La voluntad de co-construir y colaborar ya estaba presente, quizá de forma latente, en las personas y al asumir las marcas su responsabilidad y generar espacio común, no hacen más que empoderar a sus equipos, que se sienten parte de un movimiento que demuestra que otra forma de hacer las cosas es posible.

Vivir los valores de la compañía y formar parte de su labor despierta, de una forma asombrosa, el orgullo de pertenencia de los empleados, que sienten las acciones corporativas como propias, perciben mejor que la empresa toma partido y, además, comparten sus satisfacciones de manera real.

La co-responsabilidad, un término en el que profundiza el III Estudio de Marcas con Valores, es la base de acciones de voluntariado como la desplegada junto a Fundación QuirónSalud y su proyecto de educación con valores y sensibilización en hábitos saludables en las aulas “Stay Healthy”, en el que médicos del Grupo QuirónSalud de toda España se convierten en valedores de un programa que persigue contribuir a mejorar la calidad de vida de los adolescentes y sus familias.

Propósito, autenticidad… ¡y acción!

Algunas compañías apuestan y trabajan por elevar, cada vez más, su ambición ética y sostenible y legitimar su rol social con planes de voluntariado como despliegue de su propósito corporativo y legitimador de la coherencia. Así lo entiende (y lo materializa) Leroy Merlin, que va un paso más allá y transversaliza su acción social tras profundos procesos de escucha activa en los que el equipo de innovación social de 21gramos tiene la oportunidad de colaborar.

Porque si hay algo en lo que creemos desde 21gramos es en el empoderamiento individual para transformar las cosas, construir un renovado hábitat común y, en resumidas cuentas, para volver a cuidarnos.

Si necesitas desplegar el voluntariado corporativo en tu empresa, si tienes dudas o si quieres que el equipo especializado de 21gramos atienda tu caso personalmente, escríbenos a hola@21gramos.net.

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