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Que la fuerza nos acompañe

Guadalupe Bécares

Por Marta González-Moro, CEO de 21gramos e impulsora de Marcas con Valores

«Así es como se gana: no luchando contra lo que odias, sino por salvar lo que amas». Si hay algún aficionado a Star Wars en la sala, probablemente le suene esta frase. Es la lección vital que la rebelde Rose Tico nos da en una de las escenas del Episodio VIII: Los últimos jedi. Sus palabras encierran una de las grandes claves para entender las motivaciones de los soldados de la resistencia, pero también nuestra vida a este lado de la galaxia.

No sería honesto deciros que para 21gramos este ha sido un mal año porque no ha sido así, a pesar de haberse presentado complejo como el que más. Cuando hemos hecho la reflexión de por qué consideramos 2021 como un buen año, nos damos cuenta de que la frase de Rose Tico resume el espíritu colectivo que nos mueve, nuestro propósito: desplegar y compartir nuestro talento comprometido para construir juntos una sociedad más justa, humana y sostenible.

Cuando lo hacemos, surge la magia. Durante este inaudito y singular año, hemos ayudado felizmente a nuestros veinticuatro clientes a la activación ética de sus marcas a través de proyectos estratégicos para acelerar la sostenibilidad en sus modelos de negocio. Hemos colaborado en la transformación cultural de sus organizaciones para conectar con sus grupos de interés y audiencias desde la escucha empática y los valores, y les hemos acompañado a la hora de reportar y rendir cuentas desde la transparencia y el rigor. Pero, sobre todo, este año hemos tomado junto a ellos más conciencia si cabe de que un mundo mejor es posible y que merece la pena esforzarse en construirlo a pesar de cualquier adversidad sobrevenida.

Queremos dar las gracias a todos nuestros clientes y colaboradores, a los miembros de las asociaciones y laboratorios de ideas en los que participamos, a nuestros compañeros de la comunidad B Corp que tanto nos aportan e inspiran, y a todas aquellas miles de personas –profesionales independientes, académicos, expertos, periodistas, emprendedores, innovadores sociales….– que nos acompañan en el camino a través de redes, eventos y un sinfín de proyectos de impacto en los que aprendemos colectivamente.

Me gustaría señalar en concreto que nos sentimos muy orgullosos de los informes que este año compartimos desde nuestra área de Inteligencia social. Escuchar el entorno para comprender y anticipar los cambios sociales y culturales y compartir ese conocimiento con cuantas más personas, empresas y marcas, mejor, ha sido irrenunciable para nosotros. Así, este año hemos coronado tres grandes cimas: el informe Marcas con valores: Impacto Covid y consumo consciente elaborado junto a Dirse y BLab Spain, el estudio ZShot Sostenibilidad que hicimos junto a Mazinn y Repensar, escuchar, colaborar: informe sobre reporting, transparencia y sostenibilidad de las marcas editado junto al Foro de Marcas Renombradas Españolas. Para una consultora como la nuestra, os garantizo que el esfuerzo ha sido titánico, pero hacerlo nos ha permitido de nuevo pulsar la realidad compleja, poliédrica y cambiante. Al mismo tiempo nos ha hecho seguir aprendiendo y, en muchos casos, también desaprender para humildemente mejorar nosotros mismos como equipo, hacer más excelentes nuestros productos y servicios, y ojalá inspirar a otros a modelar sus propios proyectos empresariales o personales.

Desde 21gramos miramos de nuevo al futuro, en corto y largo simultáneamente. Hoy mismo lanzamos una nueva web de Marcas con Valores totalmente renovada como anticipo a la presentación del IV Estudio Marcas con Valores 2022, que tendrá lugar el próximo enero junto a todos los colaboradores y marcas que lo hacen posible, consolidando así el trabajo que desde 2015 venimos haciendo en el ámbito del estudio de la consumocracia.

Además, este año venidero en el que celebraremos nuestro XV aniversario, lo abriremos embarcados en una enorme aventura: Igluu, una nueva plataforma editorial creada con nuestros amigos de Yorokobu que aspira a convertirse en un medio de referencia del lifestyle consciente. Creemos que lejos del esnobismo intelectual o moral hay un mundo de narrativas atractivas, creativas y estimulantes que nos inspiran para generar el cambio que mayoritariamente anhelamos como ciudadanos del siglo XXI.

Inmersos ya en la década de la acción, nos proyectamos sabedores de que nos queda #MuchoPorHacer y más convencidos que nunca de la necesidad de hacerlo, ocurra o no lo inimaginable de nuevo. Todos los gramers reafirmamos nuestra determinación de sumar voluntades, talento y creatividad. Si, como decía Tico, las guerras se ganan peleando por lo que amas, nosotros lo tenemos claro: lucharemos diseñando el mundo que queremos co-construir. Los rebeldes os esperamos.

Que la fuerza –del alma– nos acompañe.

Impacto Social

¿De qué hablamos cuando hablamos de impacto social?

impacto social

Guadalupe Bécares

Por Carlos Ballesteros y Beatriz Delfa Rodríguez.

Mientras que los resultados sociales son el efecto directo de una acción o proyecto, los impactos sociales se refieren a la transformación y mejora (a corto, medio y largo plazo) que se deriva de ellos.

El impacto social está de moda pero ¿realmente sabemos de qué se habla cuando tanto empresas y emprendedores como ONG y hasta la Administración lo invocan? El impacto medioambiental dispone de marcos regulatorios que facilitan su comprensión y, en ocasiones, el cumplimiento de normativas que velan por la reducción del impacto negativo sobre el medioambiente de todo tipo de acciones y que, a su vez, potencian aquellas que favorecen los impactos positivos.

De hecho, resulta relativamente sencillo conocer cuáles son los resultados e impactos de ciertas acciones. Por ejemplo: promover la descarbonización del sector energético europeo tendría como resultado un descenso de las emisiones de CO₂.

El impacto medioambiental a medio y largo plazo derivado de este resultado sería, por su parte, el control del incremento de la temperatura global del planeta. Es decir, los resultados son un efecto directo de una actividad o acción mientras que un impacto es la transformación a corto, medio y largo plazo que se deriva de ellos.

¿Impacto o resultado?

En cambio, el impacto social es un área mucho menos madura en lo que a gestión se refiere. A nivel de políticas, regulaciones y normativas, el impacto social no dispone de un reglamento regulador específico en España, sino de elementos aislados. Algunos de ellos son, por ejemplo, la regulación sobre los derechos de los trabajadores o las normativas de servicios sociales para la ciudadanía.

En el marco europeo, en la estrategia de Europa 2020, se contempla potenciar que los Estados miembro desarrollen políticas específicas para la protección e inclusión social, pero, incluso desde Europa, apenas se está comenzando a generar consenso en torno a este tema.

Otro nivel es el de la gestión del impacto social por parte de las organizaciones mediante todo tipo de acciones y proyectos. En los últimos tiempos, muchas de ellas hacen alarde de cifras que no queda claro si, bajo el cartel de impactos sociales, esconden resultados o impactos.

Numerosas páginas web de ONG destinan un espacio al impacto social generado y, sin embargo, dan cifras tan simples como el número de beneficiarios o de proyectos en ejecución. De la misma manera pasa con las empresas cuando dicen que dan empleo a cierto número de personas con discapacidad o en exclusión social y lo llaman impacto social.

En busca de un lenguaje común

El principal dolor de cabeza en esta difícil distinción es que, en cuanto al impacto social, los cambios a medio y largo plazo dependen, en algunos casos, de valoraciones de intangibles o variables que son más difíciles de medir que los grados que sube o baja la temperatura del planeta.

Entonces, quizás deberíamos llamar a las cosas por su nombre y denominarlos resultados sociales. Es decir: datos que se producen como consecuencia directa de una acción o proyecto (número de destinatarios o número de kilos de comida recaudada). Son números, a menudo espectaculares en sí mismos, pero que no explican los posibles cambios y transformaciones que hay detrás de ellos.

Así, mientras que los resultados sociales fruto de una acción o proyecto son eminentemente cuantitativos y fácilmente medibles, para medir los impactos sociales, que suponen un cambio o transformación en la vida de personas u organizaciones, debe transcurrir un tiempo mínimo entre la finalización de la acción y su medición. En ocasiones, es difícil medir los impactos generados, a no ser que empleemos técnicas cualitativas para ello.

En la búsqueda de un lenguaje común sobre el tema, el principio básico es saber diferenciar los conceptos de impacto y de resultado sociales. Después vendrán los marcos de referencia, los principios, las metodologías de medición… Más tarde vendrá el análisis de buenas prácticas.

Empezar por el principio, con propuestas para la medición y gestión del impacto social, y buscando un lenguaje común, es empezar con buen pie. Y eso es lo que se ha hecho a través del Primer Informe del laboratorio de ideas organizado por la Cátedra de Impacto Social de la Universidad Pontificia Comillas, que ha reunido a casi 50 organizaciones. Se han identificado las limitaciones y escollos a la hora de medir y gestionar el impacto, y se han recogido propuestas concretas de cómo superarlos, ahondando en conceptos y terminología básicas para construir un lenguaje común con el que poder cimentar la base del ecosistema social.The Conversation


Carlos Ballesteros, Profesor. Director de la Consultoria Social Empresarial ICADE, Universidad Pontificia Comillas y Beatriz Delfa Rodríguez, Profesora investigadora, Universidad Pontificia Comillas. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Si necesitas asesoramiento para aplicar estrategias de impacto positivo en tu organización, contacta con nosotros. Somos expertos en sostenibilidad.

Investigación Social

Nuevos tiempos, nuevas formas de investigar: así nace una metodología

investigación social

Guadalupe Bécares

Por Rafael Magaña y Jimena Biosca, CEO y project manager de Mazinn, y Ximena Sapaj, directora de Inteligencia Social de 21gramos-Marcas con Valores. 

La investigación evolucionará no solo para hacerse más rápida y escalable, sino para proponer nuevas maneras de afrontar, escuchar y entender este nuevo mundo híbrido al que nos enfrentamos.

«El lenguaje es, a la vez, instrumento y objeto de la investigación social. […] La investigación social es una tarea necesaria e imposible».
El regreso del sujeto. La investigación social de segundo orden. Jesús Ibáñez

 

Igual que casi todas las disciplinas, la investigación social ha sufrido una gran transformación debido a la disrupción tecnológica. Tanto los estudios de investigación como las agencias o los centros de conocimiento han evolucionado en su manera de escuchar a distintos segmentos de la población, tratando de hacer más eficiente la escucha mediante la recopilación de grandes bases de datos de contactos o la aplicación de la inteligencia artificial o las comunicaciones a gran escala.

Hace ya unos meses, en Marcas con Valores y Mazinn iniciamos un camino conjunto para aunar conocimientos y enfrentarnos a un proyecto de investigación social que permitió ver en acción una nueva metodología que combinaba el bagaje intelectual acumulado por los profesionales de la rama durante décadas y las herramientas digitales de un mundo en transformación: los ZShots©. El resultado de este trabajo común cristalizó en el informe Cómo conectar con la generación Z a través de la sostenibilidad, que utilizó la metodología de los ZShots© aplicada a la sostenibilidad y permitió abordar los retos más acuciantes de los jóvenes, sus inquietudes y su relación con las marcas.

Mirando hacia atrás: un poco de historia

 

Desde hace décadas, las técnicas de investigación social han sido fundamentalmente de dos tipos: cualitativos, es decir,  conversacionales (focus group, entrevistas) y cuantitativos  (a través de  una encuesta estadística), para intentar entender la realidad social a través de la escucha a los ciudadanos-consumidores-personas .

Las primeras se han venido desarrollando face to face, registrando las conversaciones para su posterior análisis, habitualmente gracias a una grabadora. Hoy, gracias a las videollamadas, es posible acceder a conversaciones y entrevistas con uno o un grupo de sujetos. Por su parte, las encuestas también han ido sufriendo cambios para adaptarse a los nuevos tiempos. En sus orígenes eran presenciales, lo que suponía una importante inversión en tiempo y en talento, pues los encuestadores iban de casa en casa recopilando las respuestas. Después, pasaron a ser telefónicas –tanto a dispositivos fijos como móviles–; y, hoy, suelen realizarse online a través de paneles de ciudadanos consumidores.

La investigación social en un mundo híbrido

 

El objetivo de todos estos avances es adaptarse a un contexto híbrido con múltiples canales para entender la realidad social. El mercado impulsa a las empresas que se dedican a la investigación a ser cada vez más rápidas y eficientes y a tener un alcance cada vez mayor para tener un gran volumen de información estructurada que poder aplicar a sus estrategias de marketing, comunicación, recursos humanos o cualquier otro área de la empresa.

La escucha como objetivo primordial de la investigación no depende de la velocidad de la técnica empleada, sino de la capacidad de empatizar

Sin embargo, en la investigación social que desarrollamos desde Marcas con Valores y Mazinn, nuestro objetivo primordial no era ser veloces sino simplemente escuchar de la mejor manera posible. ¿Cómo podemos identificar la actitud real que hay detrás de un comportamiento? ¿Cómo sabemos las razones que hay tras una aspiración? ¿Cómo identificamos narrativas de transformación e impacto en nuestro futuro?

En efecto, la escucha como objetivo primordial de la investigación no depende de la velocidad de la técnica empleada, sino de la capacidad de empatizar y descubrir cosas sobre la realidad estudiada y la temática en cuestión nunca antes concebidas como tal. No solo es fundamental poner la escucha activa como objetivo prioritario en el método de investigación, sino diseñar uno lo suficientemente flexible para evolucionar al mismo tiempo que esta escucha activa te lleva a descubrimientos inesperados. El proceso de investigación es, desde el diseño de la metodología, una secuencia de etapas de reflexión que van depurándose y se dirigen a la comprensión, al aprendizaje de los sujetos a quienes consultamos, de su contexto, sus circunstancias y el cambio que sufre el propio investigador al hacer su trabajo, al entender de forma profunda determinado tema.

Aceleración impulsada por el contexto pandémico

 

La pandemia impuso un gran reto para la escucha activa en la investigación. ¿Seríamos capaces de entender las emociones a través de los canales online? ¿Conseguiríamos captar las narrativas reveladoras? ¿Podríamos identificar insights de igual manera que cuando podemos recurrir a canales físicos?

Los canales digitales han resultado ser perfectamente aptos para entender a las personas participantes en la investigación y su contexto

El uso de distintas herramientas online para la investigación ha sido clave a la hora de potenciar y focalizar la escucha en descubrimientos de valor. La combinación de escucha masiva en redes sociales –recurso también conocido como social listening–, las videollamadas tanto para llevar a cabo focus group en los que discutir conjuntamente sobre un tema como para hacer entrevistas individuales en profundidad y las conversaciones en comunidades digitales ha demostrado la alta capacidad de los dispositivos online para acceder a opiniones, sentimientos y narrativas. Estos canales han resultado ser perfectamente aptos para entender a las personas participantes en la investigación y su contexto, además de brindar todas las ventajas del mundo digital – conexión a larga distancia, eficiencia de recursos, registro y trazabilidad– y adaptarse a los nuevos usos y hábitos de las generaciones más jóvenes.

De muestra target a comunidades digitales

 

La conversación con comunidades digitales es un punto fundamental. Hace ya varios años que los modelos de segmentación han ido evolucionando de unos criterios demográficos y psicográficos a unos más actitudinales y comportamentales. Esto no solo viene dado de una intención de mejorar las estrategias de marketing sino de una evolución en la manera de relacionarse y participar en la sociedad en la que hoy vivimos.

El entorno digital ha permitido la creación de comunidades digitales, espacios de conversación, conexión, desarrollo personal o diversión que se configuran en los canales más adecuados para sus intereses y propósitos que defienden. Aquí está la diferencia fundamental: el segmento es un grupo de personas con unas características comunes; la comunidad tiene rituales, códigos, hábitos de comportamiento y referentes comunes, además de un espacio de encuentro que la era digital ha democratizado. Las personas se «auto-segmentan» en el entorno digital y qué mejor manera de entender una temática que descubriendo las comunidades relacionadas con ella y yendo directamente a ellas para escucharlas. Una conversación que se rige por un valor relacional y no mercantil, pues la comunidad sabe que aportando su opinión podrá verse beneficiada por las mejoras que eso suponga, con una utilidad tanto emocional como racional.

La flexibilidad de un proceso circular y no lineal

 

Si hay una característica a destacar del trabajo en el entorno digital esa es sin duda la flexibilidad. La capacidad de revisar, corregir, mejorar, profundizar de manera rápida y eficiente es algo intrínseco de las herramientas online. Esta naturaleza tiene un impacto directo en la metodología de investigación que debe diseñarse de manera que se aproveche esta flexibilidad.

Para ello, nosotros diseñamos una secuencia de investigación circular que incluye herramientas de estudio que monitorizan el ámbito de estudio en directo a través del mundo digital y que se apoyan en las redes y alcance que proporciona la comunidad. Por un lado, podemos ir mejorando nuestra escucha del medio digital (social listening) hacia los descubrimientos más interesantes; por otro, podemos activar nuevas entrevistas individuales con los agentes adecuados –ciudadanos, expertos o líderes de opinión– para entender estos descubrimientos en profundidad.

Con esto, rompemos con el marco tradicional donde la investigación se basa en una fase cualitativa seguida de una cuantitativa. Desde Mazinn y Marcas con Valores vemos una evolución necesaria a una combinación de herramientas que puedan ser alternadas en la investigación social para la detección de descubrimientos de valor.

Un nuevo método, muchos aprendizajes

 

Como ya hemos nombrado antes y como todo investigador sabe, los proyectos de investigación son en sí mismos una transformación en mayor o menor medida para la persona que los lleva a cabo, pues el proceso supone habitualmente la inmersión profunda en la temática estudiada y su aplicación a la sociedad.

La innovación es necesaria para la adaptación al contexto y sus circunstancias y, en muchos casos, supone un gran valor en sí misma

Sin embargo, y como ha sido en el caso de la metodología ZShots©, estos aprendizajes pueden trascender a la temática cuando la propia metodología de estudio también es innovadora y propone una secuencia de acciones que tanto individual como conjuntamente nunca antes se habían producido. Este es el gran primer aprendizaje: la innovación es necesaria para la adaptación al contexto y sus circunstancias y, en muchos casos, supone un gran valor en sí misma por el hecho de desarrollar algo nuevo, algo nunca antes visto sobre lo que poder sacar aprendizajes nunca antes cuestionados.

Uno de estos grandes aprendizajes que querríamos destacar es la importancia de los equipos intergeneracionales. En este caso, la innovación fue muy eficiente por la combinación de la experiencia y la frescura representada perfectamente por baby boomers, millenials y zetas.

Aunque el aprendizaje ha sido inmenso, existen aspectos que debemos tener en cuenta a futuro. Por ejemplo, esta metodología ZShots©, principalmente desarrollada a través de canales digitales, debe incluir al menos alguna herramienta de estudio en físico que nos brinde esa cercanía afectiva y permita percibir algunas emociones que fácilmente pueden perderse en el entorno digital.

La realidad digital ha venido para quedarse y, como en la mayoría de aspectos de nuestras vidas, será integrada en mundo fisital. La investigación evolucionará no solo para hacerse más rápida y escalable, sino para proponer nuevas maneras de afrontar, escuchar y entender este nuevo mundo híbrido al que nos enfrentamos.

Dinero Verde Finanzas Sostenibles

El dinero es verde

Guadalupe Bécares

«Cuestionarnos permanentemente cuál es el propósito del dinero genera tantas frustraciones como reflexiones posibles. Sin embargo, hay una evidencia simple pero profundamente transformadora: hoy el dinero es más verde que nunca».

(*) Por Marta González-Moro, CEO de 21gramos e impulsora de Marcas con Valores.

Cierra los ojos. Piensa en un fajo de billetes. ¿Qué color tiene? Tu imaginación, condicionada por décadas de cine norteamericano, presumiblemente te haya hecho pensar en un maletín lleno de dólares de un vistoso color verde. Aunque, a este lado del Atlántico, la llegada del euro introdujo la variedad cromática en nuestras carteras, el verde es por excelencia el color del dinero, como rezaba el título de la película de Martin Scorsese. Pero, si el dinero siempre ha sido de ese color –o, al menos, desde el siglo XVIII, cuando las tintas para evitar las falsificaciones lo tiñeron de verde–, hoy podemos decir que lo es más que nunca.

Mi experiencia personal de estos últimos tiempos, en los que la docencia en materia de sostenibilidad me ocupa cada día más horas, me dice que, en función de la audiencia, la incorporación de los criterios sociales y medioambientales en los modelos de negocio o en los hábitos de consumo se interpretan –o, peor aún, se enjuician– como maquiavélicos o inalcanzables para el común de los gestores empresariales, y como falsos y engorrosos para el ciudadano de a pie.

A la hora de abordar el binomio formado entre empresas y emergencia climática, la retórica habitual suele ofrecer posiciones entre dos puntos polarizados que van desde el negocio ético hasta el ecoblanqueo o greenwashing, un eje ético-moralista simplificado en la nueva religión del propósito o en la denostación basada en la desconfianza, sea esta merecida o fruto de un prejuicio. Nos obsesiona cuestionarnos los porqués y nos ofuscamos en la búsqueda de una coherencia ética como unidad de medida para otorgar no ya legitimidad, sino veracidad, a la trazabilidad del relato corporativo que pone en valor el desempeño sostenible de las organizaciones.

Pero los datos son los datos: financiar o invertir en proyectos sostenibles es más rentable para los agentes financieros, y esto genera un efecto dominó en todo el mundo empresarial. Según el estudio La Inversión Sostenible y Responsable en España 2020 elaborado por Spainsif, la inversión sostenible y responsable (ISR) alcanzó los 285.454 millones de euros gestionados en España durante el ejercicio de 2019, un crecimiento histórico del 36 % respecto al año anterior. Ese dato no es más que la constatación de que las finanzas sostenibles se encuentran en un momento de expansión plena, una noticia fantástica para el futuro global. Aunque su impulso es considerable, su aceleración es más necesaria que nunca: según los propios cálculos de Spainsif, para cumplir lo marcado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible se necesitaría una inversión entre los cinco y los siete billones de dólares, y apenas se están consiguiendo tres billones.

Los fondos Next Generation lanzados por la Unión Europea para la recuperación económica tras la pandemia pueden suponer una nueva inyección –en forma de 140.000 millones de euros– para transformar la economía española en clave de sostenibilidad, y las inversiones socialmente responsables son la pieza clave para hacerlo, ayudando a crear un sistema capaz de recuperarse mejor y más rápido de las crisis que vendrán. Las gestoras lo saben: en España, según un estudio realizado por el Observatorio Inverco, el 65 % de las gestoras cuenta con fondos que siguen criterios de sostenibilidad y un 29 % está en proceso de construirlos, por lo que nueve de cada diez de ellas pronto podrán ofrecerlos a sus partícipes.

«Financiar o invertir en proyectos sostenibles es más rentable para los agentes financieros, y esto genera un efecto dominó en todo el mundo empresarial»

Precisamente los fondos de inversión son un buen indicador de que la transformación ha llegado. BlackRock, el más importante del mundo, con un volumen de inversión equivalente al PIB de Japón y Francia juntos, ha comenzado a tomar medidas drásticas. Hace años que su líder,  Larry Fink –cuya famosa carta anual a los CEO es un referente incuestionable para todo el sector financiero- avisa de la necesidad de incorporar la sostenibilidad a la mirada financiera, el pasado mes de julio la compañía pasaba a la acción: castigó a medio centenar de empresas por no progresar frente al riesgo climático, y anunció que incrementaría su vigilancia en más de doscientas de ellas. Con este gesto, da un importante golpe en la mesa que demuestra su disposición, por ejemplo, a votar en contra cuando no se cumpla lo establecido en la divulgación de la información relativa a la sostenibilidad, un toque de atención muy relevante para las compañías y sobre el sector financiero en su conjunto, sobre los que BlackRock ejerce una enorme influencia.

Más allá de los grandes y pequeños fondos de inversión, las propias empresas también son conscientes de ese reverdecer de las finanzas. Según lo recogido en Repensar, escuchar, colaborar: informe sobre reporting, sostenibilidad y transparencia de las marcas>, el último informe que elaboramos desde 21gramos junto al Foro de Marcas Renombradas Españolas, nueve de cada diez consultados opinan que los inversores solicitan, cada vez más, conocer los criterios ambientales, sociales y de gobierno corporativo que poseen las empresas; y la misma proporción cree que integrar los criterios ASG ha supuesto un beneficio para conseguir financiación en mejores condiciones.

Con todo ello, ya sabemos cuánto cuesta frenar el cambio climático –o, al menos, cuánto deberíamos invertir en ello–. También comenzamos a saber el precio que tendremos que pagar si no lo hacemos. Un ejemplo práctico: hace apenas una semanas, el diario El País recogía las declaraciones de José María Carulla, director general de Marsh, el corredor de seguros y asesor de riesgos líder en el mundo, que advertía del encarecimiento de las pólizas por cuestiones relacionadas con el clima. «Cuatro de los cinco mayores riesgos futuros para las aseguradoras están relacionados con el medio ambiente. Ningún país se puede escapar del problema del cambio climático que ya está castigando las cuentas de resultados del sector asegurador; por lo que tendrán que elevar los precios de las pólizas para compensar esta situación», sostenía.

Cómo actuar para paliar las consecuencias de la emergencia climática que ya sentimos en nuestra piel y en nuestra cartera es uno de los retos más acuciantes a los que nos enfrentamos como sociedad. Cambiar los comportamientos individuales es importante, apostar por una regulación eficiente que impulse y acelere el cambio es crucial, construir alianzas cooperativas o poner la tecnología al servicio de la innovación social es imprescindible… Pero transformar las finanzas es impactar directamente en el corazón del sistema económico tal y como lo conocemos hasta hoy o, simplemente, reconectarlo con su verde esencia.

Cop26

Cambio climático: del dicho al hecho (y ya es urgente hacer)

cop26

Guadalupe Bécares

Por el equipo de consultoría en sostenibilidad de 21gramos.

En el contexto económico y sanitario actual, rediseñar el modelo de producción y consumo puede parecer una locura, pero no dejará de ser necesario: por mucho que se postergue la tarea, cada vez será más apremiante acometerla.

Hace unos años, cuando hablábamos sobre el cambio climático se planteaban posibles soluciones para prevenirlo, pero ahora, cuando la ciencia indica que eso es ya inevitable, no queda otra opción que pensar alternativas para mitigar los efectos que ya van a acompañarnos durante la próxima era.

Como cualquier problema de índole global, el cambio climático tiene una dimensión poliédrica y unas raíces profundas en el sistema económico que resulta preciso conocer para poder diseñar una estrategia planetaria que integre las necesidades y expectativas de todos los países y agentes involucrados.

Memoria histórica del carbono

Según datos del  OWID,  hasta mediados del siglo XX las emisiones  de CO2 a nivel global estaban dominadas por Europa y Estados Unidos: en 1900 más del 90% de las emisiones se producían en ambas zonas, y aún durante 1950 suponían el 85% del total mundial.

Podríamos aventurarnos a decir que los países del mal llamado primer mundo hemos establecido las reglas de una economía y hábitos de vida cimentados en un sistema industrial destructivo, que durante el último siglo ha consumido incontables recursos naturales y generado emisiones que destruyen nuestra biosfera.

Actualmente el 63% de las emisiones globales provienen de los países denominados «en vías de desarrollo», con un nivel de ingresos bajos a medianos altos, que buscan poder lograr también la prosperidad económica siguiendo las actuales reglas del juego asentadas por el resto de países.  Debido a esto, cuando las instituciones europeas, cada vez más conscientes del problema, impulsan debates públicos para introducir cambios en el sistema, encuentran la resistencia de estos países, que no disponen del margen de maniobra necesario para implementarlos.

Las posibles alternativas para la mitigación del ya palpable cambio climático deben integrar, por tanto, un enfoque sistémico que cambie las reglas para un juego limpio en el acceso al progreso ético de las sociedades industriales modernas.

La cumbre más escarpada

Del 1 al 12 de noviembre próximos se celebrará en Glasgow la vigésimo sexta conferencia de las partes del Convenio Marco de las Naciones Unidas contra el cambio climático, la COP26. Una cita prevista para 2020, el año cero de la Década de la Acción, donde debían haberse sentado las bases para segurar que se cumplían los compromisos aceptados en París en 2015. En este primer año de la década, no solo es aún mayor la necesidad de afianzarlos, sino que necesariamente han de plantearse en el nuevo contexto mundial  –social y económico– dibujado por la pandemia de coronavirus que pospuso la cita climática.

Mirando hacia atrás, aunque es cierto que no todas las cumbres han respondido a las expectativas, vemos un camino jalonado de obstáculos que incluye, sin embargo, muchos pequeños pasitos hacia adelante que nos sirven para encarar la nueva cita con optimismo y ambición.

Los próximos avances

La Unión Europea se ha erigido en líder de la acción climática, generando la legislación más innovadora y más estricta, pero no exenta de polémica. Aún falta por avanzar en otros aspectos clave: es preciso tomar medidas para evitar la fuga de carbono e impedir que las emisiones se trasladen a otros lugares del mundo, llevándose consigo empleos y conocimiento; es necesario articular un mercado de carbono global, donde todos los actores protagonistas desempeñen su papel con reglas homogéneas; es imprescindible pilotar una transición justa, que no equitativa, donde aporten más quienes tengan mayor capacidad para hacerlo.  Por último, que no menos importante, es urgente llegar a un acuerdo sobre la neutralidad tecnológica, definiendo qué significa, qué supone y, sobre todo, en qué medida puede ser un criterio eficiente para la transición; o si, por el contrario, puede dificultar que se tomen decisiones disruptivas.

Por el momento, a través de la reciente Ley Europea del Clima y el paquete Objetivo 55, además de la Ley española de cambio climático y transición energética, se han puesto ya sobre el calendario algunos hitos que ofrecen algo de certidumbre en este panorama tan complejo, aunque muchos sean todavía propuestas.

En amarillo, hitos climáticos previstos en España; en azul, a nivel europeo. Fuente: Bruegel. Fuente: Ley 7/2021, de 20 de mayo, de Cambio Climático y Transición Energética.

En el contexto económico y sanitario actual, rediseñar el modelo de producción y consumo puede parecer una locura, pero no dejará de ser necesario: por mucho que se postergue la tarea, cada vez será más urgente acometerla. Este es el mejor momento para tomar las decisiones valientes que el planeta necesita e intentar evitar que en el medio plazo se agraven los episodios meteorológicos extremos, para empezar a generar una conciencia colectiva que lo impulse.

Si necesitas asesoramiento para saber cómo incluir las cuestiones relacionadas con el cambio climático en tu organización, contacta con nosotros. Somos expertos en sostenibilidad.

Modelo Esg

Modelo ESG: El medioambiente, la sociedad y el buen gobierno, claves de la empresa actual

modelo esg

Guadalupe Bécares

Por Carlos Ballesteros y José María Elola Oca.

El contexto global y el ecosistema empresarial están cambiando y evolucionando a gran velocidad. Esto se debe a la influencia de los consumidores, cada vez más conscientes del poder que le otorgan sus decisiones de compra, y de los inversores, que apuestan cada vez más por empresas que se rigen por criterios sostenibles y sociales.

Las secuelas económicas, laborales y sociales de la crisis financiera de 2008 siguen todavía presentes y se han visto agravadas y acentuadas por la crisis provocada por la pandemia de la Covid-19. A los ya conocidos retos medioambientales (cambio climático, pérdida de biodiversidad, contaminación del aire, acceso al agua), se han unido otros, principalmente de carácter socio económico, como:

  • El desempleo.
  • La pérdida de poder adquisitivo de las familias.
  • El elevado porcentaje de población en riesgo de pobreza y las nuevas manifestaciones de la misma.
  • La desigualdad de oportunidades en el acceso a la educación (causada entre otras variables por la brecha digital).
  • Los flujos migratorios descontrolados.

¿Cómo responden las empresas a estas necesidades?

Durante las últimas décadas, las empresas han tratado de dar respuesta a estas necesidades a través de sus departamentos de Responsabilidad Social Corporativa. Un área normalmente ajena al corazón del negocio, que funciona como la cara amable de la empresa, mediante la colaboración con ONG o la realización de actividades con las comunidades.

Poco a poco las empresas han ido superando este enfoque y ahora son capaces de reconocer su papel como agentes de desarrollo económico, social y medioambiental, y de asumir un rol protagonista en esta adaptación de la economía. Ahora buscan aprovechar su capacidad de impacto y escalabilidad para transformar y mejorar las comunidades y los ecosistemas en los que operan.

El contexto global y el ecosistema empresarial están cambiando y evolucionando a gran velocidad. Esto se debe a la influencia de los consumidores, cada vez más conscientes del poder que le otorgan sus decisiones de compra, y de los inversores, que apuestan cada vez más por empresas que se rigen por criterios sostenibles y sociales.

Regulación y control

Al poder que ejercen consumidores e inversores se ha unido una ola regulatoria que busca redefinir las reglas de un nuevo modelo económico. Por citar solo una de las normas de mayor repercusión en este ámbito, el 29 de diciembre de 2018 se publicó en el BOE la ley en materia de información no financiera y diversidad en España.

Dicha normativa obliga a las empresas de más de 500 empleados a incluir en su memoria de actividades información sobre sus actuaciones en:

  • Materia medioambiental (contaminación, sostenibilidad, cambio climático, protección de la biodiversidad).
  • Cuestiones sociales y de gestión de recursos humanos (empleo, organización del trabajo, accesibilidad de las personas con discapacidad, políticas de subcontratación y proveedores, política fiscal, actuaciones en materia de derechos humanos, etcétera).

El sector empresarial es cada vez más consciente de su rol de agente de cambio respecto a estas problemáticas, y de cómo debe abordarlas a través de su cadena de valor. Es decir, desde las capacidades de sus empleados, el desarrollo de sus negocios, la interacción con sus clientes y proveedores, las políticas de inversión o su propia acción en la comunidad.

Las empresas se están dando cuenta de que tener un propósito claro inspira confianza tanto a los líderes como a los diferentes grupos de interés. Además, puede generar una ventaja competitiva en momentos de cambio e incertidumbre, al tiempo que les permite afrontar los nuevos desafíos económicos, sociales y medioambientales.

Modelo ESG: un nuevo enfoque empresarial

El modelo ESG (Environmental, Social, Governance; ambiental, social y de buen gobierno) ofrece un estándar de referencia para que las organizaciones empresariales reenfoquen sus estrategias, identificando, midiendo e informando de sus impactos en estos aspectos.

La consultora Standard&Poors publicó recientemente los datos de ESG de más de 9.000 empresas a nivel mundial. Hasta ahora, la aplicación de este modelo se había limitado a la divulgación e información de los impactos, sin ofrecer una respuesta integral sobre estos temas. La empresa ha intervenido, en mayor o menor medida, en los tres planos básicos, económico, social y medioambiental, desarrollados por J. Elkington en 1994 en su modelo de triple resultado:

  • En el plano económico: las empresas se crean para generar beneficios económicos a sus accionistas de la manera más eficiente posible. Este fin es un elemento fundamental e intrínseco a cualquier empresa, tanto en el plano interno, a través de la generación de fuerza de trabajo y salarios asociados, como en el plano externo, con la generación de nuevas inversiones de capital derivadas.
  • En el plano social: las empresas surgen de una agrupación y desarrollo organizativo que sirve a la sociedad desde diferentes ángulos. Las empresas contribuyen al desarrollo social a través de la promoción de sus trabajadores y de la venta de productos y servicios que cubren las necesidades y demandas de los ciudadanos.
  • En el plano medioambiental: la empresa debe considerar el ecosistema en el que se desenvuelve, los recursos de los que dispone y los impactos que generan sus actividades. Debe haber un equilibrio sostenible de retroalimentación entre el entorno y la empresa.

A mediados del siglo XX empezó a forjarse el concepto de sostenibilidad y su relación con el ecosistema empresarial. El economista Ludwig von Mises ya concibió a la naturaleza como un factor de producción finito y destructible en su obra de Acción humana, un tratado sobre economía (1949), superando así el modelo enunciado en el siglo XIX por David Ricardo, según el cual los recursos naturales eran inagotables.

Actuar por interés pero mejorando la comunidad

La Cátedra de Impacto Social de la Universidad Pontificia Comillas ha presentado un cuaderno de trabajo, primero de una colección sobre el modelo ESG. Siguiendo un listado no exhaustivo de buenas prácticas, se ilustran diferentes maneras de transformar las actividades y los procesos empresariales para integrar los factores ESG a lo largo de las cadenas de valor.

En este sentido planteamos un nuevo modelo económico en el que el propósito social y medioambiental se integren en la estrategia corporativa de las compañías, desarrollando el concepto de valor compartido planteado por Porter y Kramer en 2011, y por Serafeim en 2020.

No se trata de apostar por la RSC tradicional, sino de asumir un comportamiento que, aunque animado por el interés propio en la creación de valor económico, también cree valor para la sociedad. Las oportunidades que ofrece este nuevo paradigma, centrado en el desarrollo sostenible de la economía y de los negocios, puede resultar atractivo y rentable para las compañías:

  1. Creando un desarrollo estratégico sostenible, al desarrollar una ventaja competitiva centrada en los principios ESG y que satisfaga las necesidades del cliente
  2. Alcanzando eficiencias operativas al controlar mejor los costes indirectos: el consumo excesivo de recursos (agua, energía…), las emisiones de gases contaminantes y la generación de residuos, y solucionando problemas relacionados con la salud, la seguridad y el trato igualitario de los trabajadores, entre otros. Se trata de atender las externalidades, elementos que han sido aparentemente ajenos a la estructura empresarial pero que ahora, al tomar en cuenta los principios de impacto social, medioambiental y de buen gobierno, se sitúan dentro de la esfera de control de la empresa. Esta incorporación obliga a emplear nuevos métodos de gestión, operaciones y actividades que permitan un beneficio económico derivado de las eficiencias generadas.

El sistema ESG es, por tanto, un marco de referencia que, con sus principios, métricas y herramientas, permite a las organizaciones empresariales enfocar sus estrategias, transformar sus procesos y tomar decisiones que mejoren las condiciones de vida de los ciudadanos y las características del ecosistema, mientras que, muy probablemente, empiecen a mejorar también sus propias condiciones y resultados de negocio.The Conversation


Carlos Ballesteros, Profesor. Director de la Consultoría Social Empresarial ICADE, Universidad Pontificia Comillas y José María Elola Oca, Miembro Investigador de la Cátedra de Impacto Social de ICADE, Universidad Pontificia Comillas. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Si necesitas asesoramiento para aplicar los criterios del modelo ESG en tu organización, contacta con nosotros. Somos expertos en sostenibilidad.

Derecho A La Desconexión

Apaga el teléfono, enciende la vida: por el derecho a la desconexión

derecho a la desconexión

Guadalupe Bécares

Tener tiempo para disfrutar con nuestros amigos, para leer un libro que nos inspira o para abrazar a un familiar a quien hace tiempo que no vemos nos empodera y nos hace ser más felices. Ese es el objetivo que perseguimos el resto del año en 21gramos con nuestro trabajo, pero sobre todo es lo que queremos hacer en vacaciones.

Seguro que por estas fechas ya has recibido –o, si tienes suerte, incluso has enviado– algún correo electrónico con la respuesta automática que te indica que la persona al otro lado de la pantalla está de vacaciones y que, en su ausencia, puedes contactar con un menos afortunado compañero que sigue en la oficina. Julio y, sobre todo, agosto, son los meses de descanso por excelencia: salvo el sector turístico, el resto de actividades parecen pararse, y los trabajadores con ellas. Pero, además de ser una necesidad, ¿sabías que desconectar en vacaciones es también es un derecho?

Aunque ahora oímos nuevos conceptos como el de las trabacaciones tan comentado en las redes hace unas semanas, el de este año es el tercer verano en el que los trabajadores españoles pueden dejar la oficina con el derecho a no contestar las llamadas, mensajes o emails de sus jefes, clientes o compañeros. Así lo reconoce la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales, que entró en vigor en diciembre de 2018, e incluye una cláusula que reconoce el derecho a la desconexión en España.

Desde diciembre de 2018, la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales recoge el derecho a la desconexión de los trabajadores en España

Antes que nosotros, nuestros vecinos lo habían hecho primero. Francia fue un país pionero en la implementación de este derecho, que entró en vigor en 2017 para regular las comunicaciones entre empleados y empleadores durante su tiempo de descanso, instando a las empresas de más de cincuenta de empleados a establecer acuerdos para limitar los mensajes por teléfono o email en los periodos vacacionales.

Siguiendo la estela francesa, en España la norma indica que los trabajadores empleados públicos tienen derecho a que sus jefes respeten su tiempo de «descanso, permisos y vacaciones» para facilitar la conciliación y su intimidad personal y familiar. En el caso de las compañías privadas, se recoge que deberán elaborar políticas internas que definan cómo va a materializarse esa desconexión para toda la plantilla, también para los directivos.

El derecho a la desconexión en la era del teletrabajo, una cuestión de salud

Cuando esta ley entró en vigor nadie esperaba la llegada de una pandemia que, entre otras muchas cosas, hizo diluirse aún más los límites entre vida profesional y personal, sobre todo cuando las casas se convirtieron en oficinas improvisadas y el teletrabajo irrumpió en unas empresas que, en muchas ocasiones, no estaban preparadas para ello. Según un informe elaborado por la OCDE, un 39% de los trabajadores cambiaron repentinamente al teletrabajo al inicio de la pandemia, lo que generó un enorme impacto en sus niveles de ansiedad, depresión y estrés, debido sobre todo a la falta de horarios establecidos, al aislamiento social o al aumento exponencial y extenuante de las videollamadas.

Todo eso redundó y sigue redundando en la salud de los trabajadores. De hecho, el síndrome de burnout o de desgaste profesional, reconocido oficialmente por la OMS como enfermedad, hace referencia a una situación de estrés crónico que repercute en la salud física y mental debido a, en parte, la incapacidad de desconectar del trabajo. En el último año, según las conclusiones de un informe elaborado por la empresa Cigna a finales de 2020, el porcentaje de españoles que lo sufren ha pasado de un 60 a un 75%.

Además de un derecho, tomarse unos días de descanso es algo que redunda en nuestro bienestar emocional, pero también en el físico. Por ejemplo, un estudio de la Universidad de Massachusetts refleja que las personas que no se toman vacaciones tienen un 30% más de probabilidad de sufrir una patología cardiaca que aquellos que sí lo hacen. Además de prevenir la hipertensión, los médicos apuntan a los beneficios del descanso a la hora de reducir el estrés, mejorar la calidad del sueño y retomar los vínculos sociales con familiares y amigos, tan afectados por la pandemia.

Nosotros también desconectamos

Aunque en 21gramos la llegada forzosa del teletrabajo no nos pilló por sorpresa –como nativos digitales, siempre ha sido una opción más que hemos ejercido con naturalidad y flexibilidad–, este último año nos ha reafirmado en algo que ya sabíamos: hay mucha vida más allá de la pantalla, y es necesario apagarlas para aprovechar al máximo el tiempo con los que más queremos o, simplemente, disfrutar del tan placentero dolce far niente.

El Decálogo del bienestar gramer recoge nuestro compromiso con la igualdad de oportunidades o la escucha activa, pero también se aplica a la hora de hablar de conciliación y desconexión

El bienestar de nuestros trabajadores es una de nuestras máximas prioridades –el promedio de satisfacción se sitúa en el rango del 81-90% de empleados muy satisfechos, y lo decimos con orgullo– y por ello al inicio de la pandemia elaboramos el Decálogo del bienestar gramer, que refleja nuestro compromiso con la igualdad de oportunidades, la transparencia, la escucha activa y la colaboración, pero también con el derecho a la desconexión digital. Por eso, según este documento de buenas prácticas, establecemos un horario para contactar por teléfono con nuestros compañeros –fuera de él, debemos tener un motivo muy importante para hacer esa llamada– o no escribimos en chats grupales a partir de las seis de la tarde o los fines de semana para evitar el «ruido digital».

Especialmente en vacaciones, llevamos por bandera ese compromiso con el derecho a la desconexión no solo por una cuestión de ley, sino de filosofía: creemos que desconectar de la vorágine del día a día laboral nos permite dedicar tiempo a las personas que nos rodean y a nosotros mismos. Tomar algo con nuestros amigos, leer un libro que nos inspira en la playa o abrazar a un familiar a quien meses que no vemos nos hace ser más felices, el objetivo con el que nos levantamos todas las mañanas del año.

Ahora nuestro trabajo fundamental es crear unos buenos recuerdos que nos llenen la barra de energía para el intenso curso que se avecina –estad atentos, que está cargado de proyectos– y a los que volver cuando tengamos que encender de nuevo el ordenador. Nosotros hemos escrito ya ese correo con el que soñamos todo el año: la respuesta automática que dice que nos vamos de vacaciones.

¡Hasta septiembre!

PD: Este año nuestro ‘fuera de la oficina’ va acompañado de esta ilustración tan chula que han creado nuestras compañeras de diseño. Si te gusta, siéntete libre de copiarla. No nos vamos a enfadar, que estamos de vacaciones. 😉

21 gramos derecho a la desconexión
Empresas Con Propósito

Empresas con propósito para un futuro compartido

empresas con propósito

Guadalupe Bécares

21gramos se une a la petición al Gobierno de España para que impulse una ley que introduzca la figura jurídica de las Sociedades de Beneficio e Interés Común (SBIC), una denominación que recoja a las empresas con mayores estándares de desempeño medioambiental, social y de gobierno corporativo. 

Nadie vería hoy la necesidad de aclarar que las empresas son como esas primeras compañías internacionales que, allá por los siglos XVII o XVIII, se dedicaban a comerciar con diversos bienes –y con personas– entre metrópolis y colonias. Tampoco que son esas grandes fábricas que hacinaban trabajadores y producían a destajo, como se producía en la efervescencia de la industrialización decimonónica. Entonces, con un pie y medio en el siglo XXI, ¿por qué continuar con el modelo caduco del capitalismo del siglo anterior, centrado únicamente en maximizar los beneficios del accionista sin tener en cuenta su impacto en la sociedad y en el planeta?

Bajo esa máxima, la reinvención o reseteo del capitalismo lleva años sobre la mesa con distintas denominaciones, planteada por diferentes agentes sociales y por entidades como el Foro de Davos o la Bussiness Roundtable. Esa transformación requiere la existencia de empresas comprometidas con un nuevo modelo de desarrollo que combine el propósito corporativo con los beneficios económicos, y desde las administraciones pueden y deben promoverlo. Por eso, desde B Lab Spain –la fundación que trabaja para el movimiento B Corp en España– han lanzado un manifiesto dirigido a los poderes públicos para el impulso de un nuevo modelo empresarial inclusivo y sostenible, que introduzca la figura jurídica de las Sociedades de Beneficio e Interés Común (SBIC).

Se trata de una denominación que reconoce e identifica legalmente a aquellas empresas que alcancen los estándares más exigentes en materia social, ambiental, de transparencia y de buen gobierno corporativo, en línea con lo establecido en la Agenda 2030, que establece un horizonte de transformación común para transformar el modelo productivo hacia uno más respetuoso con las personas y con el planeta. Así, bajo este nuevo paraguas se acogerían las sociedades mercantiles que en sus estatutos se comprometan a la generación explícita de un impacto positivo social y ambiental.

Empresas con propósito

Las Sociedades BIC, de adscripción voluntaria, serían sociedades de capital, anónimas o de responsabilidad limitada, que voluntariamente deciden cumplir los requisitos concretos en materia de propósito, sostenibilidad o buen gobierno, y estarían reguladas por la Ley de Sociedades de Capital y sus disposiciones específicas. Aunque se trata de una denominación nueva en España, en otros países como Francia, Italia o Estados Unidos ya se regulan este tipo de sociedades, que deben demostrar de forma periódica sus objetivos y actuaciones en materia social y ambiental, alineados con los propios Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Aunque se trata de una denominación nueva en España, en otros países como Francia, Italia o Estados Unidos ya se regulan este tipo de sociedades

Como empresa certificada B-Corp y activa dentro del movimiento, en 21gramos estamos convencidos de que promover a nivel jurídico un modelo empresarial sostenible e inclusivo es fundamental para garantizar una reconstrucción económica justa, sostenible y equitativa en nuestro país. Por eso nos hemos adherido al manifiesto y hemos firmado la petición, como también han hecho algunas voces relevantes de la talla de Iñaki Gabilondo, Ana Pastor, Nacho Dean, Daniel Innerarity, José María Lassalle o Carmen Pellicer, entre otros.

La pandemia que ha demostrado la interdependencia entre todas las personas y entre los seres humanos y el propio planeta también ha reforzado la idea de que otro ecosistema empresarial es posible. «Dentro de la gravedad de la crisis derivada de la COVID-19, tenemos la oportunidad de impulsar una visión transformadora de la economía y del papel de la empresa. Lo que hoy hagamos, como individuos y como sociedad, determinará nuestro futuro y el de las generaciones venideras. No hay tiempo que perder», reclaman los impulsores del manifiesto.

La publicación de este Manifiesto forma parte de un proceso iniciado con la publicación del Libro Verde de las empresas con propósito, promovido por B Lab Spain y Gabeiras & Asociados, que culminará con la presentación de la propuesta de Ley al Gobierno de España para que impulse legislativamente el cambio hacia el reconocimiento jurídico de esta nueva realidad corporativa.

Nosotros ya hemos mostrado nuestro apoyo a la iniciativa sumándonos a la petición a través de la plataforma EmpresasConProposito.net, la página específica que ha creado la Fundación B Lab Spain para que organizaciones y empresas españolas puedan unirse a la causa. Si tú, como ciudadano, quieres apoyar también el movimiento, puedes hacerlo sumándote a la campaña de recogida de firmas en Change.org, que busca involucrar a la sociedad en esta reivindicación y alcanzar una mayor visibilidad y repercusión.

Declaración de 21gramos sobre las empresas con propósito

Nuestra empresa se ha adherido a la causa Empresas con Propósito porque creemos firmemente que España necesita compañías inclusivas y sostenibles; compañías que, más allá de generar beneficios económicos, reduzcan la desigualdad, respeten el planeta, fortalezcan las comunidades y generen empleos de calidad. 

 Esta filosofía forma parte lo que somos. Es por eso que, en 21gramos, nos unimos a miles de empresas y personas para pedir al gobierno una ley que reconozca este modelo empresarial inclusivo y sostenible. Una ley que asienta los estándares y responsabilidades de las empresas con la sociedad y el planeta, tal y como ya existe en otros países como Francia, Italia, Reino Unido y los EUA.

 Al sumarnos a #EmpresasConPropósito, reconocemos que la ley española ya no responde a las necesidades y demandas de nuestra sociedad y el planeta. Hoy, más que nunca, necesitamos utilizar el enorme potencial de la empresa para arreglar los principales problemas sociales y ambientales que afectan nuestro país. Y esta es una oportunidad única para impulsar una solución legislativa que promueva la economía inclusiva y sostenible que tanto necesitamos todos.

Lgtbi

Compañías más conscientes, compañías más diversas

lgtbi

Guadalupe Bécares

Por Asunción Blanco, ejecutiva de cuentas de 21gramos.

El acceso al empleo es una de las mayores dificultades para las personas LGTBI+ en España. Como agentes de transformación social, las compañías tienen la responsabilidad de colaborar para construir espacios seguros dentro y fuera de sus organizaciones.

El Mes del Orgullo se celebra en junio cada año desde 1969 con el objetivo de reivindicar los derechos del colectivo LGTBI+ y promover la igualdad real y la no discriminación de todas las personas que forman parte de él. Se considera que el movimiento moderno de derechos LGTBI+ se inició en Stonewall Inn (Nueva York) el 28 de junio de 1969 con una serie de revueltas después de que la policía irrumpiese en el pub, considerado un santuario para la comunidad, que terminó por convertirse en un levantamiento popular en el que participaron más de seiscientas personas. Más de 50 años después, muchas de las demandas de aquel momento siguen sin cumplirse: conseguir la integración completa del colectivo pasa por hacer un ejercicio de autoanálisis individual y colectivo y desaprender concepciones establecidas.

En España, el acceso al empleo es una de las mayores dificultades para las personas LGTBI+. Según arrojan datos procedentes de la FRA, la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en 2020 un 11% de personas homosexuales y bisexuales y un 37% de personas trans se han sentido discriminadas en procesos de acceso laboral, siendo el colectivo de mujeres transexuales el más afectado: pese a contar con la cualificación exigida, el 77% de mujeres trans reconoce haber sufrido discriminación a la hora de buscar empleo, pues son rechazadas por temor a que puedan resultar conflictivas para la compañía.

Luchar contra los prejuicios

Esos temores son fruto de los prejuicios que existen aún hoy en nuestra sociedad, que influyen en los sesgos inconscientes –precogniciones que nuestro cerebro hace automáticamente con el fin de agilizar nuestra toma de decisiones– y apuntalan conductas discriminatorias. Tomar consciencia de que estos sesgos existen y trabajar para eliminarlos en los procesos de selección y en el día a día laboral es una de las claves para luchar contra los estereotipos y conseguir que las compañías sean entornos más diversos e igualitarios para todos los empleados, independientemente de su edad, físico, condición u orientación sexual.

Como agentes del cambio social, las empresas tienen la responsabilidad de revertir esta situación dentro de su propia organización y fomentar con ello la promoción de una sociedad más diversa e inclusiva que trascienda el binomio hombre-mujer e incorpore las diversas identidades que se aglutinan en el colectivo LGTBI+, como afirma Naciones Unidas en su iniciativa Libres e Iguales, una campaña mundial contra la homofobia y la transfobia que cuenta con una guía de principios de conducta para las compañías.

Medio siglo después de aquellas reivindicaciones en Stonewall Inn, los avances han sido muchos, pero también es mucho lo que queda por hacer: el compromiso con la diversidad y la inclusión no finaliza, es un proceso constante y una forma de entender la vida. En su primer artículo, la Declaración Universal de Derechos Humanos afirma que todos los seres humanos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos, pero a diario miles de personas se enfrentan a la discriminación por su etnia, edad, género u orientación sexual. Como sociedad, tenemos el poder de cambiarlo y luchar para construir el mejor mundo posible: nuestra libertad y dignidad está interconectada con la de los demás, y debemos mantenernos unidos para promover la empatía y el respeto en todas las áreas, entornos y formas que adopte la vida.

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Fuente: Principios de conducta para las empresas, ONU

La hora de los valientes

Guadalupe Bécares

Si hacemos caso al pensamiento de Wittgenstein, los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo. En un entorno que parece cambiar cada vez más rápido, los límites, las palabras y la forma de usarlas también están en permanente transformación. ¿Qué queremos decir hoy cuando calificamos a una empresa como sostenible y a sus líderes como líderes del siglo XXI?

La primera y más importante lección que nos deja la pandemia es que somos interdependientes: vivimos en sociedad y nuestras decisiones y actos empresariales trascienden las fronteras corporativas. Otra, que la tecnología es la palanca de la innovación para solucionar los grandes retos de la humanidad; y, una tercera, que la sostenibilidad, de manera holística, debe ser una meta común para toda la organización y no circunscribirse a un departamento. Todo ello forma parte de una transformación cultural que es ya una prioridad: aunque todos los miembros de las corporaciones deben formar parte del cambio, son los CEOs y los Consejos de Administración quienes deben liderarlo desde el ejemplo. Debemos articular un lenguaje compartido que marque nuestra manera de pensar, hacer y contar dentro y fuera de la compañía.

«El nuevo liderazgo es aquel que, escuchando a la ciudadanía, conecta el desempeño de su organización con el anhelo común de un mundo más justo, humano y sostenible»

Hace ya años que empezamos a interiorizar el mensaje de que el beneficio de las empresas iría indiscutiblemente de la mano de su propósito y de su gestión implícita del impacto medioambiental y social con la mirada en el largo plazo. La pandemia no ha hecho más que demostrarlo: si no reconstruimos juntos un sistema en el que todos nos salvemos, no habrá sistema que salvar. Ante esta nueva realidad, también como ciudadanos estamos todos cada vez más implicados para hacerlo: ejercer el voto ya no es suficiente, puesto que asumimos que con nuestras propias decisiones construimos la sociedad que habitamos. El nuevo liderazgo es aquel que, escuchando a esa ciudadanía, conecta el desempeño de su organización con el anhelo común de un mundo más justo, humano y sostenible.

Empachados de la comunicación de buenos propósitos, hoy queremos saber qué –pero, sobre todo, cómo– lo están haciendo las compañías para conseguir las metas sostenibles que aparecen en la Agenda global. La honestidad del líder y de la propia compañía no son negociables: igual que aplaudimos nuestros logros, es hora de contar qué tenemos pendiente e incluso en qué no hemos obtenido los resultados esperados, superando el lenguaje triunfal de los discursos orientados a la satisfacción de los accionistas para apostar por una comunicación transparente que subraye el compromiso conjunto y la ambición de las organizaciones para seguir avanzando hacia el futuro que queremos.

Aunque la realidad compleja nos empuje a menudo hacia el escepticismo, existen motivos para ser optimistas: es la hora de los líderes valientes. Sabemos que aún queda mucho por hacer, pero que es el momento de hacerlo diferente porque el mañana empezó ayer, pero lo construimos –y lo contamos–, juntos, hoy.


(*) Marta González-Moro es CEO de 21gramos e impulsora del movimiento Marcas con Valores.


Esta tribuna fue publicada en el número de mayo de la Revista APD, especial sobre el panorama CEO. Puedes descargar la revista completa en este enlace

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